Entre la paz y la guerra

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El Gobierno de Colombia insiste en imponerle al pueblo colombiano esa perversa paradoja de “convivencia permanente entre la paz y la guerra”. El presidente Duque acaba de colocar más fuego a la guerra, tras su incumplimiento de los acuerdos de paz logrados en la Habana, pero ahora pretende meter a Venezuela en su conflicto interno, mientras la paz en Colombia se aleja. El problema está en que la guerra sigue controlando la política en ese país que lleva a cuestas un viejo conflicto, ya crónico por una fórmula de la oligarquía colombiana de cómo se ejerce el poder sin dejar de coexistir la guerra y la política, la guerra y el derecho.

Hasta hace poco se trataba de guerra interna. Pero ahora pretenden traer esa guerra a Venezuela. Es la posición que se corresponde con una teoría que sustenta un orden jurídico, social y político regulado por odios y armas. No quieren la paz. Cuando el Presidente Chávez demostró con su liderazgo la capacidad de lograr los objetivos de una mediación por la libertad de prisioneros en busca de la paz de Colombia, montaron el asedio a sus esfuerzos. Apenas un acercamiento del mediador a los deseos de buscar los resultados fuera de la falsa diplomacia, ese gobierno le limitó su gestión, sin advertir que la mediación precisa de un derecho humanitario donde los límites que adquiera la discusión de canje y la posibilidad de paz no sean para favorecer la política como instrumento de la guerra.

Hoy lo hacen contra Maduro, quien ha denunciado que Iván Duque pretende un “falso positivo” para invadir territorio venezolano. Los “falsos positivos” se dan en Colombia con aquellas ejecuciones de campesinos, y otras personas, cometidas por fuerzas militares. Son muertes que se exhiben con la mentira del enfrentamiento entre guerrilleros y ejército.

El “falso positivo” significa engañar, fingir, confundir. Su finalidad es crear imaginarios engañosos. Tuvo su origen en la guerra de Vietnam para convencer a la sociedad de EEUU con la mentira de que se estaba ganando la guerra. Se usó para invadir a Irak y convencer al mundo de que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Hoy se presenta como una estrategia para adecuar escenarios. Ya no es extraño que desde Colombia se recurre a un “falso positivo” para una invasión armada imperialista contra Venezuela. No es el momento de pensar que es imposible. Duque está amenazador.

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