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El engaño del barranco

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Alberto Aranguibel B.- Parte fundamental de la guerra montada por el imperio norteamericano contra el pueblo de Venezuela, no solo en lo económico sino en lo social y lo político, es posicionar internacionalmente la idea de que las dificultades por las que atravesamos serían producto de una supuesta incapacidad del gobierno para resolverlas y no del brutal cerco propiciado por la derecha nacional contra los venezolanos, de acuerdo al plan decidido en la Casa Blanca para asaltar nuestra soberanía y hacerse del control de nuestra economía.

Se sostiene la imagen de un país atascado en un atolladero insalvable, del cual sería solo posible salir si el presidente Nicolás Maduro le entregara el gobierno a los cinco o seis ultraderechistas venezolanos que se han erigido en líderes de la oposición sin que nadie los haya electo jamás para la función de la representatividad popular, pero que cuentan con la anuencia y el beneplácito del Departamento de Estado norteamericano.

Tan absurda salida sería el mayor atentando de nuestra historia contra la democracia. Un inaudito e impensable acto de irresponsabilidad política que acabaría por completo con la noción misma del Estado y echaría por tierra la esencia constitucional del mandato que le ha sido conferido al presidente por decisión mayoritaria del pueblo.

La democracia no se realiza en la sumisión frente a quienes desatan el terror y la muerte como fórmula política. Se realiza en la construcción del respaldo popular que logren concitar las ideas y propuestas que desde los sectores políticos se le presenten a la sociedad, y se constata mediante el ritual del voto directo, universal y secreto.

Pero la construcción del respaldo popular pasa por responder a las demandas de la gente que necesita que sus problemas sean resueltos, para lo cual la estabilidad política y el aseguramiento de la gobernabilidad son indispensables. Sin gobernabilidad no puede haber solución económica de ningún tipo.

Esa evolución necesaria para salir de la crisis está en curso en Venezuela desde que el pueblo decidió apostar por la paz que prometió la Constituyente, y que se reafirmó en las elecciones de gobernadores y de alcaldes.

La presencia de candidatos opositores en la elección presidencial es otra demostración de cómo Venezuela está avanzando.

Alberto Aranguibel
@SoyAranguibel

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