El carnaval fascista de Hong Kong

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Cayeron las caretas y aparecieron los rostros de los títeres que en Hong Kong bailan al son de la música golpista de Trump, el titiritero y sus secuaces, quienes adelantaron el Carnaval a octubre olvidando que en China no es mes para conjuras sino para festejar la fundación de la República, liberada por el Ejército Popular al mando de Mao, cuyo pueblo no olvida los horrores que vivió bajo las garras de imperios como el inglés, el cual lo sojuzgó con sus guerras para arrojarlo a los abismos del opio.

Hoy el mundo sabe que las marchas en la isla, inicialmente dirigidas a protestar contra un proyecto de ley penal, el cual fue descartado, ocultaban los planes desestabilizadores del presidente yanqui que consciente como está de no poder vencer a China con la guerra comercial y avalancha de sanciones desatadas contra el Gigante Asiático, ha recurrido al macabro método del “Golpe Suave” de Gene Sharp, de cinco pasos que incluye manifestaciones como ésas.

Las protestas, de acuerdo con el guion conspirativo del politólogo yanqui, han conducido a una espiral de violencia y destrucción nunca vista en la ínsula, dañando seriamente la propiedad pública y privada, bancos, comercios, el aeropuerto y ataques a los agentes del orden que han resultado heridos, muchos de ellos gravemente por los bastones de bambú y las bombas molotov lanzadas por manifestantes dirigidos por agentes de la CIA infiltrados en los disturbios.

Este domingo, las movilizaciones pasaron a una de las fases más violentas del método sharp, inventando excusas tan ridículas como la primera, declarando abiertamente sus verdaderas intenciones claramente expuestas sin disimulo, como el cinismo de seguir ondeando banderas de EEUU y el Reino Unido quemando el pabellón chino y portando pancartas que dicen: “Presidente Trump salve a Hong Kong”.

Muchos analistas estiman que envalentonados como están por quienes están detrás de su actividad desestabilizadora podría llevarlos a dar un paso aún más atrevido que los llevaría a caer en su propia trampa.

Y es que China no es Yugoslavia, ni Ucrania, ni Libia, donde los “golpes suaves” no sólo terminaron en violencia, destrucción y muerte sino también en “Cementerio de Imperios” como Vietnam, Afganistán, Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde se estrellaron contra la dignidad y resistencia de sus pueblos.

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