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El dilema de la economía

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María Alejandra Díaz.- La crisis bursátil de 2008, marcó el fin del capitalismo de crecimiento económico y de la extracción tradicional de plusvalía (valor) a través de la explotación del trabajo; esto ocurrió al estallar los sistemas contables diseñados para esconder los fraudes fiduciarios, obligando a los capitalistas a valerse del desarrollo de las tecnologías de la información, para migrar de escala, mudarse a la nube, proponernos la panacea de destruir los bancos centrales y acabar con los entes reguladores: los estados nación, ofreciéndonos a cambio una supuesta libertad de los nuevos sujetos: “usuarios de la nube” ya no ciudadanos.

Casualmente ese mismo año, Satoshi Nakamoto, diseña un sistema financiero no regulado por ningún gobierno ni empresa y plantea la “minería” de criptomonedas como la solución mágica, inaugurando una nueva forma de extracción de la plusvalía, un híbrido obtenido de la cognición, tecnología y electricidad.

Esta actividad, no genera trabajo productivo real, no agrega valor ni bienes, representa altos costos ecológicos y no se opone ni mucho menos es una alternativa a la precarización del trabajo, expresión del capitalismo productivo devenido en poscapitalismo algorítmico parasitario.

Desde las fronteras huecas donde nos parasitan gasolina y alimentos, surge una nueva forma de expropiación individual del subsidio social, esta vez eléctrico, succionan y diluyen la ventaja real de la inversión social, triturando el núcleo fundamental del modelo de justicia basado en la distribución de la riqueza, depreciándola mediante una estrategia compleja e integral.

A pesar de la cadena de bloques, la bolsa de criptodivisas de Tokio y Hong Kong, y las empresas Parity, The DAO y NiceHash, especializadas en “minado” anunciaron robos mil millonarios de su cartera virtual, equivalente a miles de millones de dólares.

Insistimos, esta actividad que promete hacernos ricos sin esfuerzo es una ilusión: el minado depende de la potencia del computador, del tráfico de Internet -el nuestro pasa por enlaces directos a EEUU- y del suministro barato de energía eléctrica.

En mi condición de defensora de la Constitución y de la soberanía, no dudo en prevenir sobre este proceso de liquidación que busca dejarnos indefensos frente al neocapitalismo tecnológico fiduciario, que no produce sino otra forma de atroz explotación. Ojalá esta promesa de mayor libertad, no termine siendo otra decepción de mayor esclavitud.

María Alejandra Díaz

@Alecucolomarin

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