Derecha misteriosa

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Enigmática. Arcana. Oscura. Críptica. Ininteligible. Hermética.

Porque no se entiende el disparate de Monómeros, la refinería venezolana que te palearon en Colombia: la someten a la privatización vandálica clásica del neoliberalismo, ponen a unos zafios que de petróleo saben de robar —y solo robar, como dice Eduardo Fernández. Otro eminente socialcristiano, Humberto Calderón Berti, contempla aquello y se alarma al encontrar a Manuel Rosales en el corrincho y abandona apuradito la sesión, todo agravado porque lo dejaron por fuera del reparto de la mascada y eso no lo tolera un hombre honorable. El gobierno de Colombia se zafa del chiquero advirtiéndolo a Calderón, que entiende que él también tiene que pirarse para no verse en esa pocilga de putas, burundanga y malas palabras —y lo peor: ¡sin ganancia!

Por el mismo motivo el diputado José Brito encabeza una rebelión parlamentaria contra camarilla tan aviesa que roba y no reparte.

A estos gringos pendejos los esquilmamos y pegamos la carrera, como la que pegó el velocista Julio Borges cuando asesinó al niño. Aprovechemos que botaron a Bolton, que era el único que se tomaba en serio esta vaina. Cuando vengan a ver, ya estaremos lejos, en los taxis que compró Papá Guaidó en Canarias o en la discoteca que adquirió el testaferro en Madrid, celebrando con Lilian y Miguel Enrique, guarachando, siempre guarachando. Y quien venga atrás que arree. Ya veremos lo que resolvemos el 5 de enero. A esto hay que andarle rápido. Quien se apendejea pierde, quien no es tiburón fracasa, aconsejaba a Trump su sabio y amantísimo padre.

Otrosí: La gloriosa Batalla de los Ventiladores que se está librando entre quienes cobraron y quienes no. ¿Ves cuán útil es carecer de sentido del ridículo?

Y así todo. La épica invasión por Cúcuta fue otra corrida bufa, como lo fue la heroica gesta de los plátanos verdes, cuando Leo quiso asilarse en la Embajada de Chile y lo rebotaron para la de España porque en la chilena ya conocen a Freddy Guevara y no quieren otro bacalao. No esperemos nada mejor de esa gente porque, como una vez dijo Orlando Urdaneta, ahí no hay a quien ponerle una vela.

Yo no entiendo nada. ¿Tú sí? Mentira: sí entiendo, pero es largo y lo diré solo cuando no tenga más nada que hacer.

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