Delito para los derrotados

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No dejan de asombrarnos las situaciones muy extrañas que crea o monta la oposición venezolana cuando comete un delito común en apariencia política o un delito político como tal. El problema no está en la conspiración continuada, en el golpe continuado o en la derrota continuada, sino en la iniquidad que asoma la explicación de sus equivocaciones, sin una pizca de sentido de la responsabilidad ante la conciencia histórica de este país. Digo esto porque cada vez que se aborta una conspiración o se desmonta un golpe de Estado, en el campo de la oposición niegan todo y se cuentan sus mentiras, descaradamente, ante la evidencia y las pruebas, como cuando dijeron: “eso no es un golpe, es un vacío de poder”.

La acción golpista suscitada en el distribuidor Altamira por sectores opositores fue la “guerra mala”, contra su propia patria, es decir, la “perduellio” como se llamaba en la antigua Roma, hoy promovida desde fuera en inteligencia con el gobierno enemigo y anunciada por los poderosos de la información en el mismo instante en que se colocaba la ametralladora sobre el puente. Se dice en doctrina penal que la “perduellio”, actualmente denominada traición a la patria, es el punto de partida para el desenvolvimiento de los delitos políticos. Por supuesto, preparar un golpe de Estado es la conspiración misma y el delito se tiene por realizado.

Se ha dicho que la mayor dificultad para tener una definición válida del delito político nace del hecho de que esta figura se subordina a la suerte que corran los golpistas en su propósito de tumbar el gobierno. Si lo tumban son vencedores; pero si no logran consumar el golpe de Estado, termina siendo delito para los derrotados.

Esto último fue lo que sucedió en el distribuidor Altamira el pasado 30A. La Sala Constitucional del TSJ, con ponencia del Magistrado Arcadio Delgado Rosales, ha expresado que los delitos políticos son aquellos que atentan contra los poderes públicos y el orden constitucional, concretamente los delitos de rebelión y sedición, así como también los que atentan contra la seguridad de la Nación, entre ellos la traición y el espionaje. La traición a la patria es uno de esos delitos para los derrotados, los mismos que justificaban su “lucha” política en el 2014 y en el 2017 con una consigna prendida en una pared del este de Caracas: “Sin dólares y sin libertad”.

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