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Declaración episcopal

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Bruno Renaud.- “Ante problemas humanos de tal magnitud, se deslegitima la realización de las elecciones presidenciales, convocadas para el próximo 20 de mayo. Tal como están concebidas, sin las suficientes garantías que identifican todo proceso electoral libre, confiable, transparente (…), lejos de aportar una solución a la crisis que vive el país, pueden agravarla y conducirlo a una catástrofe humanitaria sin precedentes. Por tanto, es urgente su postergación para el último trimestre del año”. Tal es la declaración que fue firmada por los obispos venezolanos el pasado lunes 23 de abril. El subrayado es original.

No se le puede negar: con una frecuencia cada vez mayor, los Señores Obispos se entrometen en la problemática política, negando la diferencia entre su función pastoral y el rol reservado a los partidos o gremios políticos. Su declaración se opone abiertamente al oficialismo; pero ¿satisfará a todos los representantes de la oposición? Es muy dudoso. Es decir: los obispos corren el riesgo de ser considerados como representantes de una opción política entre varias (no solamente entre dos). Y hasta en el vocabulario (“crisis humanitaria”), ellos se hacen abiertamente los defensores del poder amenazante norteamericano. “La crisis que vive el país, pueden agravarla y conducirla a una catástrofe sin precedentes”: ¿acaso no se les podría devolver el argumento a los Señores Obispos? ¿Están ellos conscientes de la gravedad de sus intervenciones, aun cuando quieren justificar su intromisión en primerísimo lugar (primera línea) “como pastores urgidos por el amor de Cristo”?

Es enormemente de lamentar: repetidamente los obispos acentúan las divisiones en el seno de la sociedad civil y de la misma iglesia. La prensa de los últimos meses del año 1998, anterior a la primera elección del presidente Chávez, ya se hacía participante de esta opción por la división: antes de cualquier conocimiento personal, la jerarquía eclesiástica recomendaba abiertamente evitar el voto a favor de quien asustaba por su novedad.

Mi alegato no se debe a la defensa de otra orientación política; más bien, va a favor de la libertad de la iglesia. En vez de verla enfeudada a la opción política que sea, la quisiera sentir, saber y agradecer: libre. Valiente. Evangélica y profética.

Cuán útil sería la instalación, al servicio de la Conferencia Episcopal, de una comisión interdisciplinar integrada por laicos de diversas disciplinas, y destinada a orientar las preocupaciones de los obispos. Ojalá “el amor de Cristo” motivara, de su parte, mayor sensibilidad para unir a este pueblo tan fascinante… y tan necesitado de paz.

Bruno Renaud

Sacerdote de Petare

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