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Decir País

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Laura Antillano.- Escribo esta crónica el jueves, Por lo tanto fue en la noche del miércoles que vi en la televisión, Canal Chile, en el noticiero nocturno, el reporte de un descubrimiento de las autoridades de ese país, de una guarida en un sótano de edificio urbano, donde se recluía a manera de secuestradas, a un gran grupo de mujeres, a quienes se destina a trabajar como prostitutas. Según el informe allí vivían, se les alimentaba y se obligaba a permanecer y cumplir sus funciones. La autoridad uniformada allanó el lugar, y se llevaron a todas en camionetas oficiales, todo lo cual fue transmitido en el noticiero. La noticia nos impacta doblemente, por un lado, es elemental, por ser seres humanos, mujeres, sometidas a una circunstancia inaceptable, por otra porque el discurso del narrador insistía en que en el grupo había 23 venezolanas.

Minutos antes , el mismo canal y programa reportó un asesinato llevado a cabo por un vigilante privado, en un lugar de Santiago, quien mató a alguien aparentemente sin aclarar las circunstancias, y ya llevado a tribunal, ha sido condenado a diez años de cárcel. Igualmente nunca supimos ni el nombre del indicado, pero sí que se trata de un venezolano, recién llegado hace pocos meses a ese país.

Es dolorosa, alarmante, la estela inmensa que se desata contra el gentilicio de /venezolano/ a través de los medios y de todas las redes existentes.
Hace un par de días, leí, en cambio o contraste, el texto de alguien, un ecuatoriano, quien señalaba que le parecía particularmente desagradable esa actitud cuando Venezuela ha sido un país, por muchísimos años, que ha dado acogida a todos los latinoamericanos, quienes por fa o por re salieron de sus países y llegaron a este, para ser tratados como hermanos, con la mayor acogida, y de ello pueden dar fe hasta los emigrantes europeos que vinieron en barcos, huyendo de las distintas guerras y sus circunstancias, y quienes hoy forman parte de la historia de este país, con hijos, nietos y biznietos nacidos aquí.

Leí algunas de las respuestas que daban a esta persona, que se atrevía a defender a los venezolanos, y muchas eran penosas, otras entraban dentro de cánones más lógicos y coherentes. Me llama la atención que a nadie llaman por nombre propio, solo se dice: venezolanas o venezolanos. Como quien dice vacas o puercos.

En la distancia del análisis y la observación frente a estos hechos que cada vez percibimos con mayor frecuencia, pensamos en la Historia, en Simón Bolívar, en Antonio José de Sucre, hasta en Guaicaipuro, o los indios araucanos, o los mayas, en Manuelita Sanz, en Gabriela Mistral, con todo lo que escribió e hizo. Y en tanto, tantísimos más.

Hace unos meses, en un conversatorio que tuvimos en un evento sobre libros y lectura en Maracay, un papá intervino, preocupado porque su hijo no quiere leer, y tiene un rechazo abismal a todo lo que tiene que ver con la historia y la literatura, y en el diálogo, nos dimos cuenta de que no sólo es su hijo, sino que el mismo era de la misma opinión.

Es indudable que vivimos en un mundo donde lo presencial e inmediato ha pasado a tener un peso específico que rebasa muchos significados. Más que nunca el medio es el mensaje. Pero aceptar el borrar los contextos en general es aceptar la nada como líquido amniótico.

Si alguna circunstancia debería sostenernos es precisamente el saber que venimos de una historia, que es un deseo de todos, la estabilidad, la paz, la serenidad de una vida cotidiana que nos acerque al bienestar y la alegría. Que somos una sociedad mestiza, donde nos integramos varias culturas, y tenemos nuestros modos de hablar, de comer, de bailar, de mirar, de querer, de convivir con recuerdos y presente, de ser familia y familias, de darle nombre a las plantas y todo lo viviente como a los sentimientos. Que somos venezolanos y a “mucha honra”, como decían nuestros viejos. Y recuperar la soberanía, respetarnos entre nosotros mismos, independientemente de que tengamos divergencias, ello tiene que privar como conducta, por nuestras raíces. Lo que nos hace ser lo que somos. Y nos duelen esas muchachas encerradas en ese sótano, y todo lo que se diga alrededor de esto de ser venezolanos. Como nos complace el éxito de nuestros deportistas o creadores. Somos Venezuela juntos.

Laura Antillano

@LauraAntillano

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