De Boyacá a Junín

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En el marco histórico de la gesta emancipadora, agosto es uno de los meses más pletóricos, sin obviar que los demás contienen suficientes efemérides, pero este octavo mes del calendario tiene muchas fechas para recordar. Podemos comenzar señalando que el 15 de agosto de 1805, Simón Bolívar, ya viudo, con 22 años y 22 días de edad, presta su juramento en presencia de su maestro Simón Rodríguez, que para entonces tiene la identidad de Samuel Robinson.

Fueron palabras históricas, precedidas de una disertación de carácter filosófico, que ya demostraban cierta madurez en aquel joven que dijo: “¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!”.

Habrían de transcurrir 8 años, y el 6 de agosto de 1813, el ya general Simón Bolívar entra triunfante a su Caracas natal y el 14 de octubre del mismo año, Cristóbal Mendoza, en su carácter de jefe del ayuntamiento caraqueño, le otorga el título de Libertador que los merideños le habían anunciado cuando inició su campaña.

Después de 6 años de vicisitudes, Bolívar triunfa en Boyacá y le lleva la independencia a la Nueva Granada (la misma que en 1886 pasa a tener el nombre de Colombia). Fue el 7 de agosto de 1819, en la batalla que se libra en el Puente de Boyacá, hecho del cual se acaban de cumplir 200 años.

A los 5 años de ese gran acontecimiento, el 6 de agosto, le corresponde al mismo Bolívar, llevarle la independencia al Perú y logra la primera gran victoria que libera del colonialismo español a la tierra de los antiguos incas, cuyos gobernantes protegen al tal Grupo de Lima.

Fue en la batalla de Junín, que se libra en el sitio del mismo nombre y en la que el segundo caraqueño universal (el primero fue Miranda) derrota al segundo jefe de los realistas, el hispano francés José de Canterac. No todo terminó ahí, pues Francisco de Paula Santander, a quien Bolívar ha dejado en la vicepresidencia de la Gran Colombia, intuye que Bolívar vencerá en la próxima batalla, pone a relucir aquello de que “el Presidente de Colombia no puede poner su vida en peligro, fuera de ella”. Varios subalternos le dicen al Libertador que no le haga caso a tal lineamiento– Jacinto Lara entre ellos–, pero Bolívar, mentalmente ilustre, designa a Sucre como el gran jefe, y el siempre atacado por Santander, triunfa en Ayacucho. Historia cierta

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