Chernobyl (I)

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En 1986 (26 de abril) cuando ocurrió la explosión del reactor nuclear de Chernobyl, creo que ubicado en Ucrania, parte fértil de la Unión Soviética, si mi memoria no me es infiel, la información se dio al mundo casi una semana después.

Ahora, Netflix hace una serie de 5 capítulos, en los que se narran detalles del desastre, no conocidos hasta el momento. Empiezan a llegar informaciones noticiosas- una especie de respuesta- en torno a que los rusos han decidido responder con otra serie, sobre el mismo tema contando su versión.

“Tarde piastes pajarito” sería lo que cabe decirles, a ellos y a su industria de cine; seguramente, culparán a los norteamericanos, la Cia y demás, del desastre nuclear. Eso de echarle la culpa a los demás- la responsabilidad nunca fue de ellos- típico de aquella ideología que imperó durante 73 años y se vino abajo, entre otras razones, por ausencia de libertades. La de expresión e información en éste caso concreto, contribuyó al desplome ante nuestros ojos sorprendidos.

Escribo: la intención es contribuir con abrir la mente y seguro, hacer polémicas, sin dogmas ideológicos. Un ingeniero y matemático norteamericano, considerado el Padre de la Teoría Matemática de la Información, el Dr. Claude Shannon, contribuyó -probablemente sin darse cuenta, de la trascendencia de su aporte- para el periodismo y la comunicación, con el concepto de información: “como dato reductor de incertidumbre”.

Podemos hablar de información noticiosa; no es redundante. A partir de ese momento, hay mayor claridad en muchos aspectos del periodismo y la comunicación. Puso a la libertad de información en el sitio que le corresponde para el desarrollo científico, tecnológico, y humano. ¿Cómo hacer, si no hay libertad de información en el ámbito de la ciencia? El principio de la incertidumbre, escapa a elementales conocimientos, para pretender explicarlo.

No obstante, estoy convencida de que todo lo que pasó y las nefastas consecuencias de aquel hecho, en Chernobyl, tal vez no se podían evitar, (¿ó si?) pero sin duda, se podían minimizar, con el manejo adecuado de la información que se ocultó, tergiversó y cambió, con fines de propaganda política. ¡Dios mío, que gente terca todo lo que les ha pasado y no quieren ver la verdad! ¡Ah! ¡La condición humana! ¡Razón tenía Hannah Arendht!

Gloria Cuenca
@EditorialGloria

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