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Buscando explicación

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Ramón Guillermo Aveledo.- Por demócrata, respeto el derecho de cada pueblo a decidir quién lo gobierna y así defiendo las garantías democráticas indispensables para que puedan hacerlo libremente. Igual, los pueblos pueden cambiar de opinión, por eso hay períodos. Sería una trampa inaceptable que en un torneo deportivo, el equipo que gane el campeonato pretenda quedarse con el título para siempre y bien no permita más competencias o cambie las reglas para tener ventajas injustas. Con más razón ese abuso es inaceptable en la cancha cívica y, sin embargo, se ha visto. Sin ir más lejos.

Los brasileños acaban de elegir Presidente, con todas las garantías, a Jair Bolsonaro. Les deseo sinceramente lo mejor, aunque me preocupan ciertos pronunciamientos del nuevo Presidente y no precisamente por alguna simpatía por la ideología o las censurables prácticas del PT en el poder, bastante más moderadas que las de nuestros gobernantes. Pero ya que gobernará Brasil que lo haga bien, es mi voto por el futuro de ese pueblo que a veces no se da ni cuenta de su vecindad, porque la selva crea más distancias que el mar.

Aunque sus ideas no sean iguales, las motivaciones del electorado brasileño al hacer su escogencia son muy similares a las que tuvo la mayoría de los venezolanos al votar por Chávez hace veinte años y los norteamericanos por Trump hace dos. Querían un cambio, tan radical como fuera posible. Inconformes, enojados, aburridos, cansados de lo que tenían, querían otra cosa; eso sí, muy distinta porque “total, peor que esto no puede ser”.

Se me dirá que el desempeño de la dirigencia había sido muy deficiente. Es una discusión más amplia y compleja, pero tomemos momentáneamente el argumento como si fuera válido ¿también en Estados Unidos? Y si es así, por qué crecen las opciones anti-sistema en Alemania que está a la cabeza de Europa, en España que tanto ha progresado, en Gran Bretaña con el insensato Brexit, en Francia hasta que apareció Macrón a quien ya se le acaba la luna de miel y cae dramáticamente en las encuestas.

¿Qué pasa que los populismos de izquierda o derecha se ponen de moda? ¿Por qué es tan fluida y veleidosa la opinión pública en democracias tan diversas? Son preguntas importantísimas, principalmente para los demócratas. Los autoritarismos de distinto signo o grado encuentran el modo de eludir la impaciencia popular: juegan sucio y, si no basta, impiden toda competencia. Mucho peor. La defensa es la institucionalidad verdadera.

Ramón Guillermo Aveledo

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