Inicio » Opinión » Bruno Renaud | “¡Yo soy ruandés!”

Bruno Renaud | “¡Yo soy ruandés!”

"Kagame ha decidido no reconstruir su país con instituciones de odio o venganza, sino a partir de un nacionalismo militante"
    Compartir

Bruno Renaud.- Ruanda, África, 1994. A machetazos y garrotazos, hutu y tutsi se asesinan unos a otros. En pocos meses, un millón de víctimas en esa orgía de sangre. Veintitrés años después, las dos etnias siguen en doloroso y discreto luto, sin reconciliarse completamente ni con la modernidad, ni con su triste historia. El presidente actual, Paul Kagame, está mandando desde el mismo año 1994. No hablemos de modelo de democracia. Sin embargo, este hombre autoritario tiene la voluntad declarada y firme de acompañar a su gente para salir de la pobreza. Con carácter, y con unas reformas que permiten su crecimiento continuo de 6%, muy bien lo podría lograr.

Kagame ha decidido no reconstruir su país con instituciones de odio o venganza, sino a partir de un nacionalismo militante. “¡Yo soy ruandés!”: tal es la palabra maestra, destinada a cubrir la diversidad de emociones, posturas, esfuerzos o pequeñeces. El ejemplo honrado y serio del Presidente es significativo: sus ministros, sus principales consejeros vienen de todas las tendencias nacionales. Aun de las oposiciones más declaradas. Muchos de estos intelectuales no pensaban poder volver nunca al país, conscientes de su participación abierta en la oposición a un Jefe de Estado con fama de dictador. Temieron las represalias. Se equivocaron: el Presidente se reveló sincero en su propósito, no tanto de reconciliación sentimental como de reconstrucción eficaz. Para él, la reconciliación consiste en reunir a todos en un esfuerzo de economía nacional que favorezca a todos.

Hermano: ¡veámonos en ese espejo! En Venezuela, las oposiciones son violentas. Los odios no han cesado de manifestarse. Muchos técnicos fogueados o de gran capacidad han huido del país. Tal vez haya sido justificado. Pero tal vez haya venido el tiempo de reconstruir -aun sin haber terminado de reconciliarse. Todavía podemos evitar el extremo de Ruanda. Disciplina y fuerte carisma de jefe; realismo y honradez en el propósito de reunión para la reedificación; tolerancia fría… Y sobre todo: amor profundo de todos a este país nuestro. ¿No habrá venido el tiempo, si acaso, de buscar la manera de sentar y sentirnos otra vez como hermanos?… Yo, sinceramente, ya te lo digo a gritos: “¡Yo soy venezolano!”.

Sacerdote de Petare