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Bruno Renaud | ¿Llorar o luchar?

Algo tiene que ver con nuestro problema nacional
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A mediados del siglo pasado, en la tierra dura que vio nacer a Mandela, fue publicada una hermosa novela: ¡Llanto por la tierra amada!, de Alan Paton, educador sudafricano sumergido en la lucha sudafricana contra el racismo.

Algo tiene que ver con nuestro problema nacional: en esta hora de intolerancias mutuas nos acecha la tentación del desánimo. Al hundirnos día tras día en el sufrimiento de nuestra amada tierra venezolana, de toda su gente, nos invaden sentimientos que nos hacen comulgar con toda Venezuela: angustia y tristeza. Pero pasivamente.

¿A dónde vamos? ¿Quién nos ayudará a salir de la impotencia, la angustia que consume nuestra esperanza? ¿Dónde están los políticos con envergadura, con amplitud y honradez profesional, dispuestos a ayudar a este pueblo expectante? Pues es cierto que a lo largo del tiempo, la gente humilde de Venezuela ha manifestado hasta el día de hoy un cúmulo de cualidades: hospitalidad, generosidad, solidaridad, cultivo de la paz… ¿Por qué no logramos sentir estas mismas características de parte de quienes tendrían que orientar y dinamizar la vida política nuestra? ¿Dónde están los perfiles políticos imitables? Mezquindad, discordias, cortoplacismo, corrupción, violencia… nos están transformando la idiosincrasia nacional.

Sí existen políticos correctos. Capaces y honrados. Podemos identificar a algunos, de lado y lado del panorama nacional. La hora no es la del llanto, sino del ánimo y la lucha, para marcar nuevos horizontes; no muy lejanos, sino humildes y cortos. Más que manifestaciones de parcialidades políticas, necesitaríamos promover grupitos y redes para la paz: buena voluntad mínima, metodología flexible destinada a caminar hacia la “solución de conflictos”, esfuerzos pequeños para restablecer la confianza herida. Solicitar las ayudas y presencias foráneas indispensables, para bajar los niveles exagerados de pasión e impaciencia…
¿Hora del llanto? Hora del ánimo, del humilde esfuerzo, paso a paso, para recuperar juntos la alegría de vivir.

Sacerdote de Petare

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