BLOQUEADA, PERO NO SE RINDIÓ

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Hace 78 años la ciudad de Leningrado (hoy San Petersburgo), durante la II Guerra Mundial, fue bloqueada y sitiada en lo económico y militar por los nazis en lo que se conoce históricamente como: “el sitio de Leningrado” y el más grande horror de esa guerra.

Todo comenzó el 8 de septiembre de 1941. Hitler se trazó el plan de “borrar de la faz de la tierra” a Leningrado. La ciudad duró sitiada durante 872 días y en ese tiempo murieron más de un millón de personas. El 90% de esas muertes se produjo por hambre. Hitler bloqueó la entrada de alimentos y medicinas a Leningrado y decidió matar de hambre a sus habitantes; luego vino el cerco militar porque no pudieron perpetrar el asalto y tomar la ciudad.

Leningrado no se rindió y su pueblo decidió defenderla al costo que sea. Hitler no pretendía rendición ni capitulación. Su propósito era destruir a Leningrado y exterminar a su población.

Aquella tragedia terminó el 27 de enero de 1944. Cuentan los reportajes, rastreando la memoria de aquellos días de sitio, de barbarie y acción deshumanizada, que hombres y mujeres, niños y ancianos, se convirtieron en seres tan débiles por el hambre que ya no hacían resistencia a la muerte: “morían como si fueran a dormir”, cayendo despacio, desvanecidos, en cualquier lugar de la ciudad, en medio de los bombardeos que sucedían inadvertidos para los que iban a morir.

La tragedia de aquel pueblo era el reflejo de un asedio criminal, al que aún recurren los gobiernos poderosos del Norte para destruir países que no se sometan a sus intereses, tal como ese bloqueo y asedio imperialista impuesto a Venezuela por el Gobierno de Trump y sus aliados del Grupo de Lima y la Unión Europea.

No buscan diálogo, sino bloqueo, asedio e invasión. Se han propuesto destruir a Venezuela, como Hitler pretendió con Leningrado, y para ello cuentan, además, con los que venden la patria y llaman a invadirla. Hoy están en la etapa de bloquear alimentos y medicinas y cercarnos con el hambre, con alza de precios en forma desproporcionada y ataques a la moneda para que también desaparezca.

Luego el caos y la perversa “responsabilidad de proteger” con la invasión de ejércitos mercenarios. Pero este pueblo venezolano no conoce de rendiciones. Es un pueblo excepcional para el combate y sabe resistir, superando errores, con mira hacia el camino correcto de la recuperación. De eso, ¡no duden nunca!

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