Aviones sobre los Clap

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La operación de EEUU contra los Clap se denomina de saturación y asfixia. Por aire, aviones de espionaje electrónico (Aries II EP-3) rastrean la ruta de distribución de las peligrosas cajas. Por tierra, Colombia y Brasil les cierran las fronteras. Por mar, sancionan las navieras que traigan los productos. Y por el ciberespacio y el espectro radioléctrico se lanzan incesantes bombardeos de fake news. No es el desembarco de Normandía, pero por Dios.

Nada de exageración hay en este parte de guerra. El exsubsecretario de Estados, Thomas Shannon, comparó las sanciones contra Venezuela con los atroces bombardeos de Tokio y Dresde. El almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, advirtió que no bajarán la guardia frente a los Clap. Nada desvela tanto al imperio. Contra las cajitas se han activado el Departamento del Tesoro, el Pentágono, Europa, la hija de Lila y el Comando Sur, además de Brasil y Colombia, por si el imperio no puede solo.
EEUU pudo ahorrarse sus dólares si en lugar de espiar nuestro espacio aéreo, le pregunta a Datanálisis cuántos millones de opositores reciben las cajas Clap en su mera casita. Igual pudo enterarse de que l8 millones de venezolanos se benefician de los bonos con el carnet de la patria. ¿Y saben qué? La cifra de beneficiarios entre opositores y chavistas es casi pareja, con los antichavistas amenazando tomar ventaja.

Frente a las cuestiones militares tengo una mezcla de crasa ignorancia y curiosidad. Me gusta leer temas bélicos que no entiendo, pero me atraen. Eso de que un avión centinela tiene bajo su radar ultrasensible un paquete de lentejas me parece del carajo. Aquí la lectura toma una deriva antropológica porque retrata el alma yanqui, cuando la tienen. Ver al almirante Faller, en el bunker del Comando Sur, explicar a sus oficiales el sendero de las cajas Clap, me recuerda a aquel jefe militar gringo que aseguraba haber descubierto la ruta de Ho Chi Minh, durante la guerra de Vietnam. La vaina es emocionante, no crean.

A veces, cuando desayuno con el atún que traen los Clap, me pregunto si no estará alterado por las radiaciones ultravioletas de la aviación yanqui (Usaf). Luego, en un arrebato de sensatez, me digo: “Déjate de paja mental, Earle, y termina de comerte el atuncito encebollado”.
Profesor UCV

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