Anima mundi

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A doscientos cincuenta años del nacimiento de Simón Rodríguez, nuestra América le debe al político más importante del siglo XIX, no un tributo, sino el tributo, que no es otro sino el de seguir su ejemplo, porque: “nada importa tanto como el tener Pueblo, formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonan por la causa social”. En este sentido, la Universidad de Caracas (Unexca) viene desarrollando desde el 10 de enero y hasta el 17 de diciembre de 2019, el primer Congreso Internacional del Pensamiento Antiimperialista Simón Rodríguez. El nombre de este visionario no figura en las más importantes compilaciones y enciclopedias de educación, filosofía, economía, sociología, antropología y política. ¿Por qué? Porque Rodríguez es una amenaza inusual y extraordinaria. Sus ideas son peligrosas porque se contagian y crean desequilibrios sociales, sobre todo en la juventud. Y hasta podrían poner en cuarentena a los enfermos de “una sed insaciable de riqueza” para que no sigan envileciendo la vida.

Rodríguez, fiel al empeño vital de ver el mundo no como es sino como quisiera que fuera, vuelca todo su arsenal pedagógico para asignar a mujeres y hombres, a niñas y niños un mundo de auténtico privilegio donde se haga menos penosa la vida. Esta utopía posible constituye el centro y el microcosmos en el que todos los influjos del alma del mundo (anima mundi) deben confluir. En su teoría y práctica revolucionaria no hay una intención agazapada que pretenda golpear y derribar las creencias y los prejuicios más antiguos, no, nada de eso, hay toda una direccionalidad para derribar el modelo civilizatorio que él conoció porque nació en una colonia española llamada Venezuela, huye a una colonia inglesa llamada Jamaica, conoce la sociedad esclavista en Estados Unidos y el desamparo inhumano de la Revolución Industrial en Europa. Rodríguez, con su marca de expósito, es víctima perpetua de las sobras que en las colonias españolas dejó el Estado Liberal Burgués.

Pero Rodríguez, en su obligado rol de artífice y demiurgo cósmico, tiene plena conciencia de que la gestación de su proyecto político no parirá un mundo nuevo en el siglo que le tocó vivir físicamente, sino en otro futuro, cuando haya republicanas y republicanos que sepan vivir en sociedades americanas con luces y virtudes sociales, y que defiendan al Libertador del Mediodía de América de cualquier agravio que contra él se cometa.

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