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Alerta casi autocrítica

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Alberto Aranguibel B.- Fue Carlos Marx quien dijo que la autocrítica era indispensable para todo proceso revolucionario. Lenín lo que hizo fue secundarlo, adecuando el debate a las inéditas particularidades de la Revolución Bolchevique y convirtiéndola en un instrumento de lucha en la construcción del socialismo.

De Lenín es de donde toma el comandante Chávez la inspiración para la discusión en extenso acerca de la necesidad de la “autocrítica constructiva”, así llamada por él, que se diferenciaba radicalmente de los procesos de corrosión que generan las criticas sin fundamento y sin propósito de rectificación, sino que son movidas por los sentimientos más ruines de los reformistas y pequeño burgueses que se infiltran siempre a lo interno de las revoluciones.

En esa distinción ética, basada en los más elevados principios revolucionarios, es que ha propuesto en todo momento la Revolución Bolivariana que se adelanten las observaciones o los aportes que tengan que hacerse en el debate de las ideas, las propuestas para la rectificación, y las formas de viabilizar la transformación de la sociedad a la que está obligado el proceso.

Pero, como es un evento que atañe a una extensa masa revolucionaria, necesario es tener siempre presente el alerta de la voz popular que sentencia con luminosa sabiduría aquello de: “La cultura popular tiene amigos a montones, pero en ella se colean los zorros y camaleones”.

En la autocrítica el mayor peligro desde el primer momento es “el petardista”, que, con la astucia del zorro y la capacidad mutante del camaleón, entorpece el esfuerzo de quienes con la más sana y constructiva intención se incorporan al debate.

Incluso de buena fe, muchos son los militantes verdaderamente comprometidos con la lucha revolucionaria que, pendientes de su razonamiento (y de la comprensible defensa de su posición) no se percatan del eventual efecto colateral de sus palabras, muchas veces desastroso para su propia intención de fortalecer la Revolución.

Asunto de especial cuidado es el de la hipersensibilidad de los autocríticos que consideran censura (y hasta agresión) todo razonamiento que se les oponga. Así como la automática descalificación que de inmediato profieren contra todo aquel que intente apenas responderles.

Me refiero a todos; a los de uno y otro lado del debate.

Alberto Aranguibel B.

albertoaranguibel@gmail.com

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