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12 meses de eternidad

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Bruno Renaud.- Acabamos de entreabrir la puerta de un año nuevo. ¿Qué nos van a aportar esos 365 días? ¿Qué esperamos de ellos, al hundirnos en la aventura de cada día? Todos los caminos, de Oriente a Occidente, están recorridos por seres humanos como nosotros. Juntos vamos trazando el curso, aparentemente sin fin, de años y siglos. Por eso, no pensemos ante todo en el mundillo vanidoso de la política, con su lista de aparentes ganadores y perdedores. Se trata de nosotros. Por eso, hay lugar para la inquietud. ¿Qué va a ser de nosotros, a lo largo del camino, en el “hoy” frente a la eternidad?

Ninguna fatalidad. El año que iniciamos nos aportará lo que le pondremos juntos. Es la propia historia nuestra, la que se está escribiendo. Con nuestra participación. Si la tejemos de rabias y demás violencias, vacío recogeremos. Si de fraternidad es nuestra semilla, frutos de hermandad cosecharemos. Si horas sombrías de enemistad y muerte queremos buscar… Dios quiera que no. Pero, ¿cuál es la meta de nuestro viaje? Realmente, ¿le buscamos un objetivo a esa peregrinación nuestra?

La eternidad se realiza en nosotros

Nos toca vivir hondamente el momento presente. Momento pasajero, corruptible, y sin embargo se inscribe en la eternidad en devenir. ¿Qué es eso, la eternidad? El tiempo sin límite. ¡Qué contradicción! No tiene consideración de “antes” o “después”, y sin embargo se escribe a partir de esas mismas notas y se vive como algo único. Nos interesa el año nuevo porque nos toca vivirlo con toda la gravedad que comporta la eternidad. La eternidad se realiza en nosotros ahora mismo, en ese mismo momento que nos toca recibir, aun si lo vivimos con excesiva liviandad, como si no fuera cosa de importancia total. Es apenas pensable y decible: el hoy y aquí que nos toca, tan frágil, tan evanescente, tiene sabor a eternidad.

Mi amor, entregado con toda ternura. En el servicio sincero, en la humildad de los gestos mil veces repetidos. La caricia desinteresada… o, lo que es lo mismo, profundamente interesada, dentro de una pasión de intensidad total. Si Dios existe, estos humildísimos perfumes de vida son surcos marcados por Su presencia en el momento único de un ahora sin fin. Doce meses.

¡Dios! Qué vacío sería el tiempo si no lo habitara tu eternidad.

Bruno Renaud

Sacerdote de Petare

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