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OPINION | 18/06/2011 01:06:05 p.m.
¡Nos están matando!
El Estado está obligado a garantizar la vida de la ciudadanía. Pero, en el caso específico de este Estado delincuente, lo que se garantiza son las condiciones para morir

Esta es hoy una sociedad de y para la muerte. Un tiempo de asesinos y asesinatos. Los derechos humanos son un simple pregón, como lo era antes y lo sigue siendo en esta llamada revolución. 
Por todas partes anda el crimen y los altos niveles de angustia-temor-miedo. La enfermedad nos aleja cada vez más de un ambiente de vida-felicidad que no cesa de aumentar su registro de defunciones, aunque no sean oficiales. 
Y hoy la enfermedad llega hasta el golpista-presidente, para quien en esta parte de Venecuba no hay condiciones para una verdadera curación. De allí que planificara de antemano ponerse bajo los cuidados de su jefe Fidel Castro, para asegurar su debida recuperación y la continuidad de "su indispensable" proceso revolucionario. 
Y mientras se anuncia su recuperación, la muerte aquí persiste en ampliar sus espacios. Hoy son las denuncias de exterminados y desaparecidos en Barinas. 
Eso recuerda casos como el Guárico de tiempos del gobernador Manuitt, donde se denunció la misma masacre. Entonces, el funcionario era aliado del Gobierno y, aunque se lo investigó, la orden de arriba fue darle base por bolas.
Transcurridos varios años, la denuncia recae sobre los mismos cuerpos de seguridad del Estado y específicamente sobre el Cicpc, cuerpo al cual la práctica del exterminio-abatido le es enteramente familiar. 
Y eso quedó más que corroborado con lo ocurrido en la sede del Cicpc-El Rosal. Fue tal el nivel de denuncias que se produjo un efecto interesante: desde ese momento, 24/5/11, a esta fecha, ese cuerpo, a nivel nacional (que sepamos) no ha realizado ejecuciones-abatidos, ni siquiera en situaciones de rehenes, cuando lo usual ha sido la liquidación de los secuestradores. 
En términos teóricos, el Estado está obligado a garantizar la vida de la ciudadanía. Pero, en el caso específico de este Estado delincuente, lo que se garantiza son las condiciones para morir. 
Este es entonces un Estado que mata, con una extensión en el desarrollo de la principal enfermedad que nos carcome: la pobreza. 
Porque hoy para este régimen es imprescindible crear una identidad entre revolución y pobreza porque esa es su fuerza fundamental y la que le permite comportarse de manera pacífica, democrática y electoral. 
¡Sancho, con los votos de la pobreza y en plena revolución pacífico-electoral nos seguirán matando!

Agustín Blanco Muñoz| @ablancomunoz


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