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El Espejo | ¿Llegando al llegadero?

"La ofensiva contra Venezuela no cesa"
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1 Pareciera como si un gobierno electo por el pueblo, legítimo, democrático, como el de Nicolás Maduro, debe dejarse tumbar porque un sector del país, tradicionalmente golpista, con apoyo de EEUU, experto en derrocar experiencias progresistas en el poder, lo deciden. La ofensiva contra Venezuela no tiene precedentes. Es más agresiva y falaz, por ejemplo, que la que se ensañó contra el gobierno de Salvador Allende en Chile.

2 Contra el proceso bolivariano ha habido una conspiración permanente. Desde el momento en que Chávez ganó la presidencia -en diciembre del 98- se montó la conjura que se ha mantenido inalterable a lo largo de 18 años: golpes como el del 11 de abril de 2002; paro-sabotaje de la industria petrolera, terrorismo, cerco económico, ataques a la economía, y tantos otros hechos consumados de manera sistemática por una oposición antidemocrática que cuenta con poderosos apoyos internacionales.

3 Maduro arribó a Miraflores, y desde ese momento no ha tenido tregua. Pese a ofrecer diálogo y dar demostraciones de su voluntad de materializarlo, y llamados a la creación de un clima de paz, su victoria electoral no fue reconocida por el candidato derrotado, quien procedió a llamar a la violencia -a descargar la “arrechera” por el revés-. La presidencia de Maduro ha sido un calvario. Aparte de la caída de los precios del petróleo, de la influencia que ésta ha tenido en la crisis económica, se dio la concertación de grupos empresariales nacionales e internacionales para promover la “guerra económica” con efectos letales sobre la economía. Para coronar la terrible experiencia en Miraflores, la internalización de la política por la oposición concitó la creación de un frente de figuras públicas -desacreditadas unas y otras con relativo prestigio-, con asiento en la OEA, monitoreadas por el inefable Almagro, que le generó a Venezuela una difícil situación debido al apabullante descrédito que descarga sobre el país.

4 La ofensiva contra Venezuela no cesa. Cada día muestra nuevas características. Ahora entró en su fase decisiva, que puede ser calificada como operación remate. Ésta combina la acción interna con la movilización exterior. La manera como se cuadran en la OEA gobiernos de diverso signo lo confirma. El hilo que conecta el accionar de México, Colombia, Chile, con Brasil, Argentina, Paraguay, Perú, demuestra que la conjura existe. Detrás de esos gobiernos está la mano poderosa de Estados Unidos y el oficio diplomático de Canadá. Todos actúan con la consigna de desacreditar al Gobierno venezolano, recurriendo a cualquier todo tipo de mentiras. Ni siquiera por elemental sentido de responsabilidad presentan pruebas que sustenten lo que afirman. Ya que el propósito es calificar de dictadura al gobierno de Maduro; señalar que en el país hay una crisis humanitaria; que la gente se está muriendo de hambre, y que las instituciones no funcionan. ¿Para qué pruebas si lo que cuenta es impactar al mundo con noticias sin confirmación? Lo que importa es contraponer la virtualidad mediática de la falsedad a la realidad. Lograr la identificación del nombre Venezuela con el caos.

5 La situación ha llegado, como se dice en criollo, al llegadero. Los últimos acontecimientos lo confirman. La desesperación que impera en la oposición nacional e internacional se desborda porque Maduro no cae, y, más bien, se fortalece como lo indican las verdaderas encuestas. A su vez, la oposición interna se desploma, como también lo revelan las encuestas más confiables. Simultáneamente, en el exterior cunde la frustración porque los lapsos fijados para el colapso chavista no se cumplen. La inversión crematística en la conspiración es grande y los factores internos coaligados no responden. Se tragan las remesas sin rendir cuenta. Apelan a la estridencia, que a nadie confunde, como decir que el Tribunal Supremo de Justicia le ha dado un golpe a la Constitución por el hecho de asumir las atribuciones de una Asamblea Nacional en desacato. No ha habido, ni lejanamente, disolución del Poder Legislativo que funcionará tan pronto cese el desacato en que incurrió deliberadamente. Pero agitando el tema, que es de manejo interno y soberano de los venezolanos, pretenden darle el puntillazo a Maduro, al chavismo, al país, mediante insólitas presiones desde afuera. Con lo cual se equivocan una vez más. Los acontecimientos lo dirán. Por culpa de una oposición irresponsable, la violencia y no la paz se abre paso. Mientras, la opción diálogo aguarda por una oportunidad, que los opositores ensoberbecidos le niegan. Al contrario, pisan el acelerador para lograr el desplome de la institucionalidad democrática. En fin, el síndrome Sansón.

LABERINTO

Un día muy especial: las redes enloquecieron el viernes 31 de marzo a partir de la declaración de la Fiscal General de la República sobre las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia. Un caso que vale la pena estudiar por lo que hoy representa el poder comunicacional, el cual puede provocar severas alteraciones emocionales en la colectividad e inducir a actos desesperados…

A través de las redes se desató ese día la confusión. Colapsaron las comunicaciones y los ánimos se exaltaron. Un pronóstico que tensó más fue que por la tarde habría un pronunciamiento de varias guarniciones militares planteando la renuncia de Maduro y la formación de una Junta de Gobierno integrada por civiles y militares…

Por supuesto, todo falso. Al contrario, los mandos militares ratificaron de inmediato su lealtad a la Constitución y al presidente Maduro. Pero la oposición, como siempre, cabalgó en esa ola de rumores y especulaciones al pedirle a la Fuerza Armada que se pronunciara…

También ese día -y quiero destacar este dato-, las instituciones funcionaron y demostraron su solidez. Maduro tomó conciencia de que debía actuar con rapidez para neutralizar la matriz golpista mediática que se estaba formando; para conjurar cualquier acontecimiento extraño, inducido, deliberadamente, por los grupos más radicales de la oposición, y sin duda que lo logró. Una vez más Maduro confirmó que no se queda en el aparato, que procede con habilidad y sangre fría ante situaciones críticas. Como la que reseño. Con un doble frente: el interno con una oposición recalcitrante, obsesionada con sacarlo de Miraflores y reprimir al chavismo, y el externo, con los chacales que maneja EEUU, ansiosos por posesionarse de las riquezas del país…

Otro asunto: Vargas Llosa no podía faltar en el combo de los atacantes a Venezuela. Pero hay alguien que le cantó la verdad, el gran escritor y periodista argentino Mempo Giardinelli, en una carta personal que no tiene desperdicio. Cito párrafos: “Mi lealtad de discípulo y mi conciencia de pequeñez literaria no me impiden ver, con dolor, el triste papel de usted coreando lugares comunes para criticar al presidente venezolano, y encima de todo cargado de tintes racistas y clasistas. Me dio mucha pena su papel, Don Mario, al verlo tan generoso y dócil frente al impresentable de esta tierra (Macri), que a usted lo quiere y lee. Yo sentí dolor pero también una cierta vergüenza. No hacía falta tanto. Sin dudas, seguiré admirando su obra literaria, pero qué pena tan grande sentí al verlo ahora, en edad provecta, haciendo un papel como el de Zavalita preguntando: En qué momento se jodió la Argentina. Usted eludió en la tele una respuesta digna. Seguiré devoto de su grandeza literaria. Pero solo de ésa”…

Antes la insultaban a diario; ahora la elogian. Pero es la misma de siempre: defensora de la justicia, de los derechos humanos, de la democracia: Luisa Ortega.