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Bruno Renaud | ¡SANTA HISTORIA NACIONAL!

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Bruno Renaud .- En el año 2001, dos arqueólogos  de larga trayectoria en Israel (Israel Finkelstein y Neil Silberman) publicaron un libro de gran interés sobre las investigaciones arqueológicas que estudian, y ponen severamente en tela de juicio, los hechos y personajes más antiguos de la historia de Israel. ¿Han realmente existido Abraham y demás Patriarcas? ¿Ha sido Moisés el Libertador extraordinario que cuenta la Biblia? Los grandes reyes David, Salomón, ¿fueron realmente lo que de ellos cuenta la Biblia antigua? Las preguntas – y numerosas respuestas negativas – no eran nuevas para los especialistas; pero el libro levantó una polvareda en la conciencia popular judía. “¡Nos quieren quitar nuestra historia!”, clamaron inquietos. Por supuesto, el trasfondo político nunca está muy lejos en semejantes casos. Y menos en el Oriente Medio. La Biblia dejaba de ser el texto infalible, recibido al pie de la letra, tanto por los judíos como por los cristianos.

Pero lo que nos motiva, en este momento (por lo menos, directamente), no es la historia de Israel, sino la de nuestro país. Pues somos los privilegiados que vivimos en una nación extraordinariamente acogedora, hospitalaria, generosa, noble. Estos adjetivos no impiden para nada que estemos pasando por una grave crisis nacional. Y que estemos buscando duramente el camino que nos devuelva la fraternidad. ¡Que lo digan, que lo reconozcan honradamente, ahora, los paisanos que emigraron hacia otras latitudes!

Aun sin tomar al pie de la letra la serie de prodigios bíblicos, sin leer estrictamente en Israel una historia “santa”, podemos reconocer que es la expresión de la conducta de parte de un Dios providencia. Israel conoció algunos grandes momentos. Pero este reconocimiento no significa realmente nada a nivel propiamente histórico. Una mentalidad laica, no religiosa, prescindirá del reconocimiento de la autoría divina.

 

5 de Julio: lo mismo vale para la interpretación de nuestra historia  nacional. Una mentalidad laica no leerá en ella otra cosa que una cascada de acontecimientos felices (o infelices) sin implicar en ellos a Dios o su castigo. Guaicaipuro y Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Cipriano Castro, Rómulo Betancourt y Hugo Chávez, idealizados o desmitificados, serán “superhombres”, o, al contrario, instrumentos en la conducta superior de parte de un Dios amoroso. La interpretación laica de sus vidas puede perfectamente convivir en este noble país con otra interpretación, que reconozca en ellos la expresión de la fidelidad de Dios. Venezolanos todos: ¡dejémonos de intolerancias mezquinas, y construyamos juntos, con convicción, nuestra santa historia nacional!

Sacerdote de Petare  

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