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23 de Enero

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Ramón Guillermo Aveledo.- A fines del primer semestre de 1957, la dictadura lucía fuerte e inexistente la posibilidad real del liderazgo civil de enderezar el rumbo.

Apenas asomaban problemas fiscales y en una economía que no había dejado de crecer. Lo político parecía bien atado y las FAN sólidamente unidas en torno a un régimen surgido de su seno en 1948.

Desde su exilio Herrera Campíns lo ve diferente. Critica a quienes “pretenden presentar un panorama monocromo de las Fuerzas Armadas, triste y sin esperanzas”. Estima que “núcleos castrenses” inhibidos por la postura de la superioridad “saben que la dictadura se ha colocado en un abajadero peligrosísimo y que es necesario hacerla rectificar para que no siga comprometiendo la función histórica de las Fuerzas Armadas”.

El 1 de mayo de 1957 es la Pastoral del Arzobispo de Caracas, Monseñor Arias Blanco: “Nuestro país se va enriqueciendo con impresionante rapidez” pero “una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas.”

La Constitución de 1953 pauta una elección presidencial a fin de año. Hay partidos ilegalizados y otros perseguidos, presos políticos, exiliados, la prensa censurada. En abril el ensayo de Herrera antes citado: “La solución ha de obtenerse, con sano y decidido sentido político de conveniencia nacional, mediante elecciones”. En julio, Villalba envía telegrama al dictador y lo invita a que abra el “ejercicio por el pueblo del derecho a elegir libremente a quien lo gobierne”. En seguida, el ex Presidente Gallegos declara que “la oposición democrática nacional” está unificada en un programa “que excluye la violencia y propugna la solución del problema político venezolano mediante el cumplimiento de la disposición constitucional que establece la celebración de elecciones” y en agosto Betancourt saluda como positivo que el gobierno anuncie elecciones y comenta, “los tres partidos políticos importantes del país han reclamado ese anuncio, porque propician todos ellos una salida evolutiva y pacífica a la grave situación venezolana” El exilio no les mengua la serenidad ni les obnubila el juicio, al contrario, les madura y acrece su capacidad.

En gobierno optó por bloquear la salida y, en vez de elecciones libres y limpias, organizó una farsa plebiscitaria de éxito formal y brevísimo. Si en el fraude del 30 de noviembre de 1952 se había salido con la suya por cinco años más, a la mascarada de 15 de diciembre de 1957 sobreviviría apenas mes y días.

Ramón Guillermo Aveledo | @AveledoUnidad

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