ACERAS Y BROCALES| ¡Aceras sí, brocales no!

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✔ Imposible obviar los duros efectos del presente asedio. Obliga a racionalizar procesos, recursos y acciones. Es tiempo, siempre lo es, de extrema lucidez, honestidad, mística, entereza, previsión y control.

✔ Como en todo, en la inversión en las ciudades es imperativo precisar qué se quiere, con qué se cuenta y qué es lo primario para priorizar las obras que se han de acometer. ✔ En este proceso de cambios, las condiciones de vida de los pobladores en sus barrios, urbanizaciones o sectores es esencial.

✔ Entonces, es discutible, por inútil, lo que se observa en Caracas, en el este y en el oeste: remoción de frisos y pinturas de brocales y defensas de vías, para volverlas a frisar y pintar. Lo que debe hacerse es completar donde faltan y alinear las que se han movido por choques. ✔ En cambio, ¡las aceras son el espacio de la gente!, ellas son la prioridad. Hay que nivelarlas, ensancharlas, despejarlas, arborizarlas, iluminarlas y simultáneamente reparar y mantener las redes de drenajes, alumbrado, cloacas y agua potable.

Sería interesante entregar los claps en un contexto ferial. Con talleres, actividades lúdicas y culturales, muestras de buenas prácticas y de producción urbana y periurbana, entre otras opciones, dirigido a comprender el complejo momento histórico, los cambios ineludibles y cómo dilucidar y actuar ante los dilemas.

PERPLEJIDAD DESCONCIERTA

La semana pasada fue entrevistado en televisión un alcalde mirandino. Dijo que iba a mejorar su ciudad recuperando las calles “robadas”. Resulta que la plaza Bolívar tenía cuatro calles alrededor y alguien las integró a la plaza (para beneficio colectivo según este escribidor). Pero, para el burgomaestre se acabó la tradición de la novia llegando en auto hasta la puerta de la iglesia (como él hizo hace 19 años).

¿Por qué asombra esto? Porque se opondría al actual enfoque urbano del país, que prioriza a la gente y no al vehículo. ¿O no?

Además, si de tradición se trata ¡por favor! habilite por un rato el frente de la iglesia, para que entre la carroza, se baje la prometida entre vítores de convidados y mirones y al concluir la ceremonia, y el lance de arroz, el auto se retira con los desposados, continua hasta la plaza y adyacencias para deleite de niños, vecinos y ardillas.

Es vital entender para quién es “el derecho a la ciudad”, tener plan de desarrollo local y asesorarse, antes de tomar medidas que afectan a comunidades y niegan la prédica urbana de hoy. Deberían pasar por unos cursitos antes de ser alcaldes…

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