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EEUU y China, más que un pulso comercial

Trump muestra fuerza con miras a las legislativas de este año
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Benytsa González.- La economía global y la población del planeta serán los grandes perdedores de la guerra comercial que enfrenta, principalmente, a Estados Unidos y China, si tras las primeras imposiciones arancelarias, de lado y lado, no se logra un acuerdo entre las dos grandes potencias.

El reciente anuncio de nuevas tasas a productos chinos, por parte de EEUU, podría desencadenar una vorágine proteccionista, que involucra ya a varios países en el pechaje de importaciones, que lanzó el presidente Donald Trump bajo la política “América primero”.

Las medidas impositivas, que afectan también a México, Canadá, la Unión Europea y Rusia, estarían destinadas, según Trump, a empujar negociaciones en favor del comercio, la industria y el empleo en la nación norteamericana, tras años de perjuicio causado por tratados de libre comercio y negociaciones injustas.

Sin embargo, analistas coinciden en que detrás de la estrategia habría también razones políticas y geopolíticas.

Elecciones. El 6 de noviembre debe producirse la renovación del Congreso estadounidense, el pleno de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. La cita electoral podría ser un gran referendo de la gestión del Jefe de la Casa Blanca.

Cabe recordar que Trump no fue el candidato más votado en 2016, que en su primer año de gestión obtuvo el índice más bajo de aprobación que un Presidente haya tenido, que actualmente 51,9% rechaza su labor, y que su promesa a las zonas rurales y los estados afectados por los TLC y las importaciones, lo llevaron a la presidencia.

Así las cosas, Trump necesita que los republicanos ganen las legislativas, y su agenda de política exterior, “América primero” -parte de su promesa de “hacer a EEUU grande, de nuevo”-, es un imperativo.

Los países afectados por los aranceles estadounidenses así lo entienden, y utilizan este mismo escenario para presionar, a su vez, al Mandatario. Las represalias impositivas afectan a productores en estados conservadores, con lo que se busca que el propio electorado haga rectificar a Trump.

Hegemonía. En el caso particular de los aranceles a China, Trump se ha referido al superávit de la relación comercial en favor de Beijing que alcanzó los 372 mil millones de dólares.

Pero, también es razón para pechar las importaciones del país asiático, el plan “Made in China 2025”, por medio del cual esta nación asumiría el liderazgo mundial en tecnologías. Para Trump, China “roba” propiedad intelectual y conocimiento científico.

Al respecto, el ingeniero Fernando Vilella, de la Universidad de Buenos Aires, ha afirmado que lo que está en discusión, en esta pugna, “es el poder mundial y el acceso y manejo de las tecnologías”.

En cualquiera de los casos, la guerra comercial derivará en el aumento de los precios de los productos terminados. En un mundo interconectado y cada vez más globalizado, serán los consumidores de todo el planeta los más afectados.

Y, como ha dicho la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, “nadie gana en una guerra comercial”, y además “el conflicto dañaría el crecimiento económico global”.

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