Kueka, el amor hecho símbolo sagrado

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No se trata de una simple roca de jaspe que desde hace más de dos décadas se encontraba en otras latitudes, ni tampoco es un capricho gubernamental el de traérsela: una historia de amor está detrás del mito de la piedra Kueka, venerada por la comunidad indígena pemón de Santa Cruz de Mapaurí, en la reserva natural de la Gran Sabana, en el estado Bolívar.

La leyenda es ancestral y clara: cuando un joven indígena de la comunidad pemón de Taurepán decidió escapar de la tribu y asumir su amor por la joven más hermosa del pueblo de Makuxi, a sabiendas de que era prohibido, nunca pensó que lo que le vendría sería una especie de condena.

El dios Makunaima, al enterarse de su huida, no aprobó la situación y se alteró tanto que fue tras su búsqueda. Y no era para menos, pues las reglas de la familia eran para no romperse jamás: un taurepán no podía juntarse con ninguna mujer fuera de su etnia ¡jamás! Se trataba de un pacto de respeto, de una ley divina.

Sin embargo, el amor no entiende de patrones y así lo demostró el joven indígena: nadie podía ni debía impedir que estuvieran juntos y, ante esto, pidió la mano de su amada, se casó con ella y ambos tomaron otro rumbo para que no los encontraran.

Pero tampoco había limitantes para Makunaima y, en el camino, logró dar con la pareja. Cuando vio al enamorado, no dudó en imprecarlo con furia: “maldito eres. Vivirás siempre abrazado con tu esposa”. Seguidamente, tras la oración, convirtió a la pareja en dos rocas, conocidas por la etnia pemón como la abuela y el abuelo Kueka.

La condena de este amor no era tal para la comunidad pemón, pues por siglos fueron venerados como símbolos sagrados. Nunca debieron separarse, definitivamente, pero el ser humano pudo más: a ella, a la abuela, se la llevaron en 1998. Ambos fueron castigados nuevamente.

Los antecedentes
Para los pemones, Kueka no es una piedra de 30 toneladas en forma de ballena, como pudiera decir cualquier ciudadano de a pie, sino que es venerado como un miembro más de la tribu.

Muchos no conocían la existencia de este símbolo hasta que la comunidad pemón comenzó a hacer ruido con sus exigencias: Kueka debía volver a su lugar de origen, en Venezuela. Y es que desde hace 22 años estaba en el viejo continente, específicamente en Alemania, bajo la venia del entonces gobierno de Rafael Caldera.

Sí, un buen día, en 1998, el escultor Wolfang von Schwarzenfeld (ahora de 82 años de edad) se enamoró de la piedra semipreciosa y de las cercanías de la quebrada Jaspe o Kaku-Parú se la llevó en barco a Alemania para integrarla a su instalación artística llamada “Global Stone Project”, ubicada en el parque metropolitano Tiergarten. Allí fue pulida, tallada, afilada e intervenida.

“En el momento de su extracción, los pemones estaban protestando contra el tendido eléctrico que se iba a construir en la Reserva Forestal de Imataca (…) Cuando los pemones volvieron a su pueblo tras la protesta a finales del mes de julio, interceptaron a la Kueka ya en la carretera, cargada en el camión y lista para ser exportada. La piedra se encontraba unos metros apartada del camino del pueblo y ni el pueblo pemón ni las autoridades indígenas habían sido informadas sobre su sustracción. A modo de protesta, los pemones y varios grupos de apoyo detuvieron su transporte en la Troncal. La Kueka permaneció a espera de nueva orden bajo el comando de la Guardia Nacional hasta diciembre de 1998, cuando fue finalmente trasladada a Berlín”, como reseña Carlota Surós, investigadora y museóloga radicada en la capital alemana, en a-desk.org.

Los pemones, desde entonces, aseguraron que la ilícita extracción de la abuela Kueka rompió con el equilibrio social y ecológico del lugar y no dudaron en atribuir el deslave de Vargas, ocurrido el 15 de diciembre de 1999, como consecuencia de esto.

La batalla diplomática
“Esta piedra tiene un valor hierático para el pueblo pemón, tan sagrado como lo es la talla de madera del Nazareno de San Pablo para los católicos. Se insiste en la significación teogónica que tiene para esa comunidad indígena la piedra, pues de acuerdo con su cosmovisión, posee la capacidad mágica de atraer la pesca y la cacería en la zona, creencia que forma parte de su identidad y memoria, por tanto debido a sus valores intrínsecos, constituye un Bien de Interés Cultural, reconocido formalmente por el Instituto del Patrimonio Cultural en 2006”, cuenta el abogado Octavio Sisco Ricciardi en su página redpatrimoniove.

Fue el 25 de abril de 2012 cuando el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez Frías tomó medidas legales sobre la piedra Kueka y la Oficina Regional Latinoamericana de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) apoyó la solicitud.

Al siguiente mes, la Asamblea Nacional (AN) aprobó un acuerdo de apoyo al reclamo del pueblo pemón que exigía a Alemania la devolución de la Piedra Kueka y, luego, el 2 de julio, una delegación viajó a hacer los trámites de repatriación: “Estamos acá en Alemania con la mejor disposición a dialogar, a conversar, a convenir, a buscar fórmulas de entendimiento”, señaló el entonces presidente del Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), Raúl Grioni, y recalcó que fueron “en son de amigos de todos los alemanes”. La idea era clara: no se quería crear un conflicto entre ambos países sino de entendimiento.

Seis años después, en mayo de 2018, el proceso de repatriación de la piedra sagrada comenzó formalmente con un ritual de sanación que realizó una representación del pueblo pemón en Berlín.

Lo que se espera
Los pemones aseguran que el retorno de este símbolo concederá el equilibrio ambiental, la energía ecológica, el espíritu protector y la prosperidad para su comunidad.

Para el momento que esté en nuestras tierras, se espera que esta comunidad indígena haga una celebración pública y una ceremonia espiritual privada entre la Kueka y los shamanes de Kamarata, San Miguel de Betania, Santa Elena y Mapaurí, con el fin de equilibrar las fuerzas naturales que pueden activarse nuevamente.

También se espera que el Estado realice la musealización de esta piedra sagrada en su lugar originario y, además, abra las averiguaciones correspondientes contra de aquellos que autorizaron su extracción, pues se habla de tráfico ilícito de bienes.

Una campaña de sensibilización para radio, televisión y medios impresos es otro de los planes que tiene el Gobierno nacional en torno a estos símbolos sagrados.

Y es que, como toda historia de amor, muchos venezolanos esperan un final feliz: los abuelos Kueka, que nunca debieron separarse, como dice la leyenda, volverán a estar juntos y, esta vez, para siempre.

La noticia que causó revuelo

La buena noticia de la repatriación del símbolo la dio el canciller Jorge Arreaza, el 20 de enero, a través de su cuenta en Twitter: “¡Imágenes exclusivas! ¡La Abuela Kueka inicia su retorno a la Patria! Así comienza la restitución de la piedra sagrada del pueblo Pemón! #Hoy fue removida del Parque Metropolitano Tiergarten, en Berlín. Pronto tocará tierra venezolana para reencontrarse con el Abuelo”.

La Unesco reaccionó un día después: “@Unesco celebra el acuerdo entre Venezuela y Alemania sobre la piedra Kueka. Estamos felices por la comunidad pemón que está recuperando un objeto que pertenece a su patrimonio cultural y espiritual. #CulturalHeritage”.

Andrej Hunko, miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, también habló: “(…) En conversaciones con miembros de la comunidad pemón cercana de Santa Cruz de Mapaurí, pude convencerme de la importancia de la piedra. El regreso es una gran noticia para ellos”.

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