Cuarenta años sin Conny Méndez

Fue el alma de la fiesta en una Caracas escrupulosa con las mujeres
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Hay personas que nacen a destiempo. “Anacrónicas” las llaman, una vez crecen y evidencian la pirueta temporal. No es que se adelanten o se atrasen, aunque a ratos pueda parecer que hacen una cosa o la otra. Es que funcionan en una línea de tiempo diferente. Son seres metafísicos. O, si aplicamos la metafísica para definirlos, simplemente son. La vara con que son medidos no se encuentra a la mano. A veces la forjan ellos mismos.

Conny Méndez intuyó a temprana edad que esa diferencia no tenía por qué resultar una desgracia. Al contrario, la Venezuela decimonónica en la que viene al mundo en 1898 supone un entorno idóneo para sacarle provecho a sus atributos.

Su tía Abelarda –narra Méndez en su autobiografía– lo enunciaba en casa con una letanía: “Todo el que establece fama de hacer ‘cosas’ peculiares es un feliz independiente. Hace todo lo que le da la gana y nadie protesta. Todo le es perdonado al decir de él: ‘¡Son cosas de fulano!’”. La niña que era Conny se vería reflejada en aquella afirmación.

Nacida en familia aristocrática, época en que los apellidos intercalan una “y” entre el primero y el segundo, a Juana María de la Concepción, su nombre de pila, no se le hará difícil conseguir que se hable de ella en la recatada sociedad caraqueña. Desde joven muestra un talento desbordado para las artes y la música, razón por la cual su familia la envía a estudiar a la ciudad de Nueva York, donde vivirá su adolescencia y se hará adulta.

Conny Méndez en 1935

“¡Qué divino es ser loco!”. Vuelve, en 1920, como quien regresa del futuro, con lo que llaman “visión de mundo”. Manda en el país el general Juan Vicente Gómez, del cual, a las primeras de cambio, publica una caricatura ante la que el mandatario duda; no sabe si tomarla como escarnio o como elogio por parte de la dibujante.

El Benemérito opta por lo segundo, y es cuando Conny Méndez comienza a infiltrar sutilmente el tejido de la cándida realidad venezolana. “Ese día pasé a ser ‘inteligente’, mi familia comenzó a tomarme en cuenta y mis ‘cosas’ se fueron colando por la censura general”, relata en la mencionada autobiografía.

Reúne sus viñetas en un primer volumen, que será editado en París en 1931 con el nombre de Bisturí: álbum de caricaturas. Escribe asimismo crónicas y artículos que irá publicando en la revista Nos-Otras, donde firma como “Conchita Méndez”.

Colabora también en impresos como Élite, Páginas, Bohemia, Momento y El Nuevo Diario, labor vedada al género femenino hasta muchos años después. Es fácil ver cómo la artista destacará poco a poco como una especie de cultora de libertades, amparándose quizá en el particular desenfado que la tía Abelarda sembrara en ella, sin querer queriendo, durante su período solariego.

Méndez es de las primeras mujeres caraqueñas en practicar actividades reservadas a los hombres, como conducir y fumar en público, actitud que vendrá a remachar lo que ya hace en su vida profesional. Es también de las pioneras en apelar a la innovación legal del divorcio, con lo que su desparpajo trasciende lo alegórico para convertirse en divisa existencial. Viajará por el mundo, reincidirá en el matrimonio hasta tres veces, tendrá dos hijos, siete nietos y doce bisnietos.

Orejona y versátil. Este amplio anecdotario lo recogerá Conny Méndez en Memorias de una loca, selección que a su publicación, en 1956, se convierte rápidamente en un best seller. Allí se describe, sin perder el humor, como “una niñita muy insignificante. Raquítica, orejona, con los ojos que me tragaban la cara y la boca en acento circunflejo. Me hacía pipí en la cama y en las pantaletas. Mis hermanos me llamaban ‘jedionda’”. Más allá del tono sarcástico, el libro trasluce la esencia de un personaje precoz y solitario, cuya libertad aprovecha para desarrollar una gran imaginación, además del gusto por el piano, que aprende a tocar de forma autodidacta.

En su periplo artístico, ejerce labores como pintora, decoradora, modista y actriz. Es también compositora e intérprete, y va regando su actividad con trabajos de cierta trascendencia musical. Escribe más de 40 composiciones, participando en conciertos y grabando varios discos.

Su tema “La negrita Marisol”, dedicado a la bailarina Yolanda Moreno, le da respetabilidad como autora, enfocándola en la creación de piezas folclóricas y populares, como “Chucho y Ceferina”, “Venezuela habla cantando”, “Soy venezolana”, “Hoy es tu día”, “Transformación”, “Oración ratona”, “Navidad criolla”, “Canción de cuna” y “La Cucarachita Martina”. Sus temas han sido interpretados por Lilia Vera, Cecilia Todd, Simón Díaz, Olga Teresa Machado, Nachy Acevedo, Los Cañoneros, entre otros.

Solía acompañarse de la guitarra, aunque también tocaba el piano

Encuentro con la metafísica. Este espíritu inquieto, que va y viene sobre la esfera del mundo, padece en 1939 una epifanía a bordo del barco que la trae de vuelta a Venezuela. Una serie de imprevistos convierten el viaje en una odisea y Conny encuentra en una empática conversa con Charlotte de Pittier (pasajera como ella y esposa del famoso botánico) el último portal que habrá de franquear en su vida.

A partir de entonces inicia con el entusiasmo que la caracteriza el estudio de la metafísica. Lo hace con fervor y absoluta entrega, acudiendo a fuentes arcanas para informarse sobre una materia desconocida en nuestro país y el ámbito latinoamericano. Traduce febrilmente al español infinita bibliografía, lo que va acrecentando su pasión por el tema. En 1946 se convierte en discípula de Emmet Fox, personalidad que basa su enseñanza en el llamado “Nuevo Pensamiento”, centrado en el poder de curación de la mente.

Ese mismo año Méndez forma en Venezuela el Movimiento de Metafísica Cristiana, del mismo modo que en otros países se habían creado bajo preceptos similares grupos como Ciencia Divina o Movimiento Unity, vinculados a la espiritualidad cristiana pero desmarcados de la doctrina católica.

En 1960 funda la Hermandad de Saint Germain, con el objeto de difundir su aprendizaje en temas relacionados con la metafísica, la cual impulsa en todo el continente dictando conferencias y editando una serie de libros relacionados, que aún hoy constituyen las principales referencias sobre el tema y que sin duda alguna la convierten en la mujer más leída en lengua española a nivel mundial. Entre los títulos más célebres, fáciles de hallar en cualquier librería, kiosco o puesto callejero, se encuentran: El librito azul, Metafísica 4 en 1, El maravilloso número 7 y ¿Quién es y quién fue el Conde de Saint Germain?

Legado espiritual. Este extraordinario recorrido vital convertirá a Conny Méndez en una personalidad admirada por grupos de incondicionales, que se dejan embelesar tanto por las enseñanzas que profesa como por su carismático estilo, capaz de arrancarse con una tonada musical en mitad de una conferencia o de improvisar ocurrencias de carácter histriónico, como aquella ocasión en que sorprendiera a su clase al aparecer terciada por una banda de Miss Venezuela, y desfilara como una tal, solo con la intención de divertir al grupo de asistentes.

Acaban de cumplirse 40 años de su partida. Un 26 de noviembre de 1979, en la ciudad de Miami, adonde había ido a visitar a su hijo, Conny Méndez trascendió el plano físico (“desencarnó”, según sus discípulos), con una petición en la que no dejaba de innovar: solicitó a sus familiares ser cremada. En su velatorio no hubo flores ni atuendos negros, una última impertinencia de su espíritu risueño.

Compuso destacadas melodías populares de carácter venezolanista

Yo soy venezolana

(Letra y música Conny Méndez)

Yo soy venezolana
de la pura capital
del eje de mi tierra
del Distrito Federal.
Yo busqué lo más central
y no pudiendo en Catedral
nací en la esquina El Conde
en la propia Calle Real.

A mi tierra bajaron los santos
del cielo y dijeron
aquí nos quedamos
aquí hay un paraíso,
no hay hielo y granizo
como allá de donde bajamos.

San Francisco,
San Juan y San Pablo
El Señor, San José
y la Divina Pastora
hace siglos que son caraqueños, caramba,
Y eso no es
que lo invente yo ahora.

Por supuesto
saldrá quien proteste
diciendo que es

mucho más criollo que yo

y aunque saque el registro civil
pa probar
que en la Plaza Bolívar nació
yo me atrevo a retar
a cualquier disputante
y a todo otro competidor
si es más criollo que yo,
que lo cante, caramba,
y a que no me dispute
el honor.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print
Publicidad
×
Publicidad
×
Publicidad
×