REFERENCIAS: Faro

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

En julio de 1818 surcan el río Orinoco dos naves mercantes -Tigre y Libertad- portando el estandarte estadounidense. Una vez inspeccionadas, los patriotas descubren armas, municiones y víveres que van rumbo al bando español. Por esta situación desfavorable a la causa independentista, el Libertador ordena la inmediata captura de las embarcaciones, dura medida que obliga al gobierno norteño a enviar un mediador para aclarar el incidente.

Desde su llegada, el funcionario yanqui emite cartas a Simón Bolívar exigiendo la liberación de los buques “ajenos al contrabando” con el enemigo. Ante esta argumentación tan poco creíble, el Hombre de las dificultades responde epistolarmente a John Baptiste Irvine, el agente del gobierno estadounidense, que sólo podría haber la indemnización solicitada siempre y cuando “reconocieran” su grave error y su falta de neutralidad en el conflicto. Reprochaba así gallardamente el Libertador las ambigüedades de la diplomacia de los hijos de Washington.

En su cruce de cartas con el John Baptiste Irvine Simón Bolívar refuta el descaro del agente estadounidense sobre las embarcaciones detenidas en territorio venezolano. Argumentos falaces del funcionario norteño tratan de culpar a las tropas revolucionarias sobre la falta de los extranjeros.

El 7 de octubre de 1.818, ya con el ánimo exaltado, responde el Libertador a John Baptiste Irvine: “Parece que el intento de usted es forzarme a que reciproque los insultos: no lo haré; pero si protesto a usted que no permitiré se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra populación y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

Cuando en el bando patriota pulsaba por la reconquista del territorio y el levantamiento de la tercera república en 1818, Simón Bolívar confrontaba diplomáticamente con los Estados Unidos. Ya los norteños veían de mal modo las acciones unionistas emprendidas por el Libertador a igual que su empeño por liberar Cuba y Puerto Rico.

Tanto los intereses foráneos como las oligarquías locales desaprobaban este proyecto tan ambicioso como filantrópico. Su valiente postura ya hacía calibrar con quien debían medirse los norteños injerencistas, pasos previos a la configuración de la Doctrina Monroe, aquella de “América para los americanos”.

Por eso ser bolivariano es ser antiimperialista. Es defender las soberanías de naciones hermanas ante la torva arremetida gringa. La brega por la autodeterminación de los pueblos que caracterizó al Libertador sigue siendo faro encendido ayer y de hoy. ¡No más Trump!

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print