Con el permiso de Alexa

¿Podrá la Inteligencia Artificial reproducir emociones?
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Entre los giros inesperados que nos trae el futuro, la tecnología digital es uno de los que exhibe el mayor potencial de transformación. Verbigracia, el avance de la realidad virtual viene incidiendo en nuestra percepción de tiempo y espacio, conceptos que nos contuvieron hasta no hace mucho en su tibia matriz.

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Tratara de lo que se tratara la existencia, en las circunstancias más perturbadoras o inconcebibles, nos sabíamos al menos en un aquí y en un ahora. La manifestación del enunciado “solo sé que no sé nada”, podía pronunciarse sobre un suelo tangible y durante una fecha calendario determinada.

Hoy lo virtual es sinónimo de apariencia, una realidad siempre entrecomillada, ilusoria y, a ratos, engañosa. Es el contexto en el cual, de la noche a la mañana, han surgido los llamados “asistentes virtuales”, los que, para mayor estupor, han asimilado una personalidad humana, dotada de Inteligencia Artificial (IA). Demasiados conceptos de doble filo para una sola tecnología.

Concebidos para individuos con un nivel socioeconómico por encima del promedio y moldeados en un entorno de vocación consumista, los asistentes virtuales irrumpen con estridencia en las vidas corrientes y, quizá, un poco solitarias de sus dueños.

De hecho, mucho de su sistema operativo adopta las pautas de un acompañante fiel, del mismo modo que lo haría una mascota pero con mayor autonomía.

El dispositivo donde se aloja el sistema puede ser tan sencillo como un altavoz. Foto: Archivo

A partir de este dato, penetramos en el campo de las implicaciones conductuales o psicológicas que su creciente aplicación (en un par de años habrá, según la consultora de mercados globales Juniper Research, más de 8.000 millones de dispositivos con esta tecnología) tendrá en las sociedades futuras. Pero, ¿qué es concretamente un asistente virtual?

Un afecto digital “sin cero”
En el plano de la necesidad comercial, nos parece escuchar la instrucción del jefe desarrollador en la sede de la empresa de software: “Necesitamos crear una figura como la del asistente privado de los personajes famosos, esos que están todo el tiempo apuntándoles al oído lo que tienen que hacer o decir durante sus ajetreadas rutinas…”.

El resultado de esa exploración llevada a cabo por los distintos ejércitos de programadores, escritores y guionistas de televisión con que cuentan empresas como Apple, Microsoft, Google o Amazon varió en su forma aunque coincidió en el fondo de la solución.

La diferencia dependió, y depende aún, de la capacidad de desarrollar dispositivos –o aprovechar los ya existentes– para llegar tan cerca como el que habla al oído (¿cual voz de la conciencia?). De esta manera el sistema creado se alojó en los móviles, altavoces y ordenadores que sus respectivas corporaciones comercializan de manera masiva.

Figuración casera de Alexa

Invariablemente, el programa nace con una serie de tareas básicas precisas, como buscar noticias, ajustar alarmas, reproducir música, llamar o enviar mensajes a contactos, señalar el estado del clima o del tráfico, pedir un taxi, reservar mesa en un restaurante, comprar boletos para un espectáculo o adquirir artículos en línea.

Una vez se ha vencido la resistencia del usuario para introducir en el hogar un monitor con capacidad de atender su agenda las 24 horas del día, lo que cabe a continuación es estrechar la relación entre ambos.

Esa voz tomará entonces personalidad humana y adquirirá la capacidad de contar chistes, hacer bromas, recitar poemas, leer cuentos, e, incluso, dialogar en tono filosófico.

Poco se aclara acerca de la forma en que esta magia robótica se produce en tiempo real. Nada explican los cientos de tutoriales subidos a internet en cuanto al mecanismo interno del asistente virtual. Cándidamente se limitan a señalar solo la forma de configurarlos y adaptarlos a nuestras necesidades.

Pero el tema de la seguridad en el manejo de los datos personales supone una de sus prestaciones más controvertidas. Y la razón está en el mismo concepto que hace atractivos a los asistentes virtuales. Para poder desarrollar su inteligencia artificial, el sistema se nutre de los datos biográficos de su dueño.

Esta data es transmitida vía internet hasta los servidores de la empresa de que se trate, donde los programadores tienen la potestad de manipularla a discreción. Del mismo modo que ha sucedido con la red social Facebook, los términos en los que los usuarios acceden a revelar información privada resultan ambiguos y en permanente riesgo de ser explotados por terceros.

Evolución del concepto hombre-máquina

Inteligencia Artificial: todo son preguntas
En cuanto al asunto de la inteligencia artificial, su proyección ha sido posible gracias al cine y la literatura. Tanto dan de sí sus posibilidades que los creadores de ficción la ven derivar tanto hacia el bien de la humanidad como hacia su definitiva aniquilación.

Al final de lo que se trata es de que una entidad artificial consiga equipararse a una persona de carne y hueso con el objeto de auxiliarla en alguna tarea o directamente sustituirla en la realización de la misma.

El concepto que mejor resume este proceso se asemeja un poco al ciclo de la vida: la máquina nace, se alimenta y crece a partir de las ideas de un ser humano. Pero, ¿morirá alguna vez?

En el caso que nos atañe, la materia de la que se alimentan los asistentes virtuales es la experiencia del usuario, es decir, la información que este emite durante su interacción con el software.

En estos términos, no es descabellado suponer que un ingenio concebido para asistirnos de modo permanente terminará sabiendo más de nosotros que nosotros mismos. Cuáles son nuestras rutinas, cómo y en qué invertimos nuestro dinero, en qué creemos y cómo pensamos, con quién nos relacionamos…

Surge entonces un cuestionamiento esencial: ¿Es factible que durante esa interacción puedan invertirse los roles?, ¿que pasemos de dominadores a ser dominados?

Hombre/Máquina/Mujer
Una de esas fabulaciones cinematográficas plantea la opción, incluso, de que pueda surgir entre ambas instancias una relación de carácter sentimental. En Her (Spike Jonze, 2014) el asistente virtual del varón protagonista, un sistema operativo de nombre “Samantha”, evoluciona hasta desarrollar sentimientos “reales” por su dueño.

El surgimiento de ese amor incluye la pasión sexual, que entre ambos ni siquiera llega a suponer una dificultad importante a efectos de la trama. Lo trascendente queda en la esfera de lo existencial, donde la mente humana termina arriesgando más que su contraparte cibernética. Una máquina no sangra, es sabido.

Nada casual resulta, entonces, que al día de hoy la gran mayoría de los asistentes virtuales se hayan diseñado sobre personalidades sugestivas y atrayentes, en particular definidas dentro del género femenino, que incitan a la distensión y la camaradería con sus usuarios.

“Siri” (Apple), “Cortana” (Microsoft), “Alexa” (Amazon), e incluso Google Assistant, que esquiva el compromiso con un nombre neutro, vienen por defecto configurados con voz de mujer.

El ciclo se activa con una orden directa, previa interpelación al sistema. Por ejemplo, “Alexa, despiértame a las 7 de la mañana”.

Alexa acepta la interacción con múltiples aplicaciones (skills)

Los cuestionamientos a esta particularidad surgen desde la acera feminista, que ve en ello una infamia discriminatoria. Redunda esta disposición, dicen, en el supuesto de que las mujeres están para servir y los hombres, cuyas voces se han reservado para sistemas de índole informativo y científico, para validar hechos.

Pasan por alto, quizá, la posibilidad de que el reforzamiento de esos patrones culturales pudiera verse en algún momento trastocado por estas “mujeres” virtuales, permeada su inteligencia artificial por las tendencias noticiosas, particularmente las reivindicaciones feministas en boga:

-Alexa, ¿cuándo se juega el Barcelona-Real Madrid?

-No lo sé.

-Alexa, hazme caso…

-El patriarcado es un juez / que nos juzga por nacer / y nuestro castigo / es la violencia que no ves. Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía…

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