Inicio » Entretenimiento » La aterradora historia de la monja de la UCSAR

La aterradora historia de la monja de la UCSAR

Si visitas la Universidad Católica Santa Rosa ten cuidado, como dicen por ahí, de que vuelan vuelan
    Compartir

TZC-. La Universidad Católica Santa Rosa tiene décadas en servicio, por ello es de esperarse que ocurran hechos paranormales en sus instalaciones.Esta historia fantasmal comienza en el antiguo seminario de Caracas, ahora sede de una de las universidades más antiguas e importantes del país, la Universidad Católica Santa Rosa (UCSAR).

Pero, ¿Qué hay detrás de su historia? Al norte de esta casa de estudios quedaba el antiguo cementerio de los hijos de Dios, uno de los primeros cementerios y el más viejo de la ciudad Capital.

Según cuentan, hubo una epidemia muy grave en Caracas, que mató a un centenar de personas, y los entes competentes de la ciudad decidieron hacer una fosa común al sur del cementerio -seguramente fue a las afueras de él-.

De ser cierto, los terrenos donde ahora se encuentra la capilla de esta universidad, podría estar encima de esa fosa común.

A través de los años, se dice que en la UCSAR aparecen varios fantasmas, uno de los más populares es el de una monja que aterroriza a los estudiantes y al personal que labora en dicha institución, llamada “la monja del seminario”.

Dicen que este fantasma hace su aparición justo a las 10:30 pm en los alrededores del jardín central, a su vez, a la 6:30 de la mañana en el primer piso del antiguo seminario.

La mayoría de las apariciones ocurridas han sido narradas por el personal que labora diariamente, incluyendo al personal de seguridad y los estudiantes sobretodo del turno nocturno, a quienes les toca caminar sin mirar atrás los extensos pasillos de dicha universidad en medio de la noche y el silencio.

¡Esto no es todo! Relatan que no sólo se trata de las apariciones de la monja, sino del seminarista que tuvo años atrás una lamentable muerte en la Iglesia San José, quien por razones desconocidas se ahorcó. Al parecer, el espíritu de este seminarista quedó deambulando por la institución como “cuidador de cuartos”.