Urbano Hidalgo, el corocotero de Coro

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Urbano Hidalgo vive en el sector San Nicolás I, en Coro (Fal) donde, desde hace unos doce años, guarda corotos, objetos y herramientas que pasaron a ser una colección única en el barrio, que lo distingue como todo un personaje de su comunidad.

Una corocoteca es una colección de recuerdos de antaño, de cosas que quedaron en desuso o marcas que ya desaparecieron o que simplemente se fueron del país o cambiaron de denominación comercial.

Urbano Hidalgo, hijo de una familia de bodegueros, comenzó hace más de una década a coleccionar cajas, potes, artefactos, utensilios, instrumentos y cuanta cosa rara tenían en la tienda o le llegaba de manos de sus vecinos; por el simple hecho de que le apasionaba coleccionar “rarezas”.

Comenzó guardando botellas de refrescos, cerveza, ron, whisky y aún hoy no para de coleccionar. Admite Nito, como le conocen popularmente en el barrio San Nicolás, que nunca ha pagado “ni medio” por cualquiera de sus tesoros, debido a que siempre llega alguien que sabe de su afición con algún objeto antiguo que suma a su ya abultada colección.

Esta corocoteca coriana reúne, libros, revistas, postales, potes de aluminio, máquinas de escribir, utensilios de cocina, envases de refrescos –que se elaboraban en Coro y Punto Fijo-, frascos de perfumes y desodorantes, secadores de cabello, recipientes de lata más de 20 marcas de café y leche, que seguramente muchos aún recuerdan.

A su resguardo está una pieza valiosa para Urbano, un riel y una moneda que perteneció a la vía del ferrocarril de 12 kilómetros, que funcionó entre 1897 y 1938 entre Coro y La Vela, distancia entre la ciudad mariana y su puerto, que dieron vida durante 40 años a la vía férrea más pequeña de Venezuela: el Ferrocarril Nacional La Vela-Coro.

Dentro de este cúmulo de recuerdos podrán encontrar un dispensador de gasolina de hace más de cincuenta años y que estaba ubicado en una estación de combustible en Caujarao; además de cartones electorales, tarjetas de votación del primer proceso electoral –manual-, afiches y material POP de campañas políticas desde Betancourt y souvenires de los candidatos a gobernadores de la región.

En las paredes de su casa Urbano -quien desearía un lugar más amplio para mostrar sus colecciones-, muestra con orgullo sus planchas de hierro, computadoras, lámparas de querosén, relojes de pared comerciales y familiares, tinajas antiguas, sartenes de hierro fundido, herramientas utilizadas en el arado, el estéreo y los libros con el que aprendieron a leer y escribir muchos.

La gran colección que hoy ostenta va más allá de lo que puedan valer, debido a que para el coleccionista son “recuerdos de tiempos que ya no están”, que pretenden seguir la evolución de los mismos a través del tiempo, y donde destacan instrumentos musicales, cámaras, máquinas de coser y juguetes tradicionales que son para él su mejor herencia.

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