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La final de la familia Vargas

Gregory y José se enfrentan en la serie decisiva por primera vez en su carrera
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ÚN.-Ramón “Tulo” Rivero e Yván Olivares se enfrentaron en la final de 1987 vistiendo el uniforme de Panteras de Miranda y Trotamundos de Carabobo. Esa fue la última vez que dos hermanos se cruzaron en una serie de decisiva, porque a José y Gregory Vargas les toca en 2017.

El swingman defenderá a Guaros de Lara, mientras que el piloto se incorporó desde Israel para ayudar a Marinos de Anzoátegui a conseguir su boleto a la final. Ahora ambos van por la corona, que irá a la casa de los Vargas, pero sólo festejará uno.

Ambos han celebrado títulos juntos desde que jugaron su primer choque en el mismo equipo el 22 de febrero de 2012 y desde esa fecha hasta hoy han ganado seis títulos, dos Suramericanos con la selección nacional (2014 y 2016), un FIBA Américas (2015) y tres coronas con Marinos (2012, 2014 y 2015).

“Jugar juntos fue un sueño, pero ahora dentro de la cancha somos rivales y eso lo entiende cada uno”
, apuntó Gregory, que está de regreso en la LPB después de más dos años sin vestir la camisa de los navales.

Mientras Gregory con 31 años apuntaba a Europa, José quien tiene 35 calendarios jugó en la zafra 2015-2016 con Marinos, luego se fue a la Unión de Formosa en Argentina y fue cuando Guaros hizo el cambio donde envió a los orientales a Windi Graterol por el mayor de los hermanos Vargas.

“Nuestra relación es más especial que la de unos hermanos”, aseguró el “Grillo”. “Él me considera un hermano mayor y yo un hijo mayor, por eso nos llevamos tan bien”, agregó el jugador de los puestos dos y tres.

La relación familiar perdurará, pero en lo deportivo, ambos hermanos buscan dejar el legado de los Vargas, tal y como lo hicieran Cruz, Luis y Rodolfo Lairet con Guaiqueríes de Margarita ganando juntos los títulos de la LPB desde 1977 a 1981, y luego en 1982 sólo Luis y Cruz fueron parte de ese equipo insular.

“Queremos jugar de la mejor forma posible, en todos lados, eso lo hablamos siempre”, confesó Gregory, quien dice estar en contacto con su hermano todo el tiempo que estuvo fuera de Venezuela. Ahora se juntan y José pudo cargar por primera vez al hijo menor de Gregory, que nació en su estadía por Europa.

“Reencontrarnos es muy especial, no es lo mismo hablar a través de la tecnología que darse un abrazo”, sentenció José, que junto a su hermano ganaron dos títulos consecutivos con Marinos (2014 y 2015) y así se unieron a la historia del baloncesto criollo porque sólo los hermanos Lairet habían ganado coronas con el mismo uniforme y en temporadas corridas.

En esta final 2017, por primera vez uno celebrará y el otro deberá acompañar ese gusto de su hermano, pero con el mal sabor de boca de no haberlo ganado.