El bloqueo a la LVBP afecta la economía

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La pregunta de las 64 mil lochas, como se decía en aquel recordado programa de concursos del profesor Negrón, es si habrá o no habrá temporada de beisbol este año. El gobierno nacional, a través del ministro del deporte y juventud, Pedro Infante, ha ofrecido todas las garantías necesarias, para que la LVBP dispute el campeonato, tal como ha venido ocurriendo desde hace 75 años. La única institución que se opone a que se juegue beisbol en Venezuela es la Mayor League Baseball, paradójicamente el principal socio de la LVBP y del resto de las ligas de beisbol del Caribe y el Pacífico.

Como es sabido, la MLB se plegó a las políticas de bloqueo económico contra Venezuela, impuestas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldadas y aplaudidas por buena parte de la dirigencia más radical que se opone y ha buscado derrocar, por cualquier vía, al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

MLB prohibió a los peloteros y cualquier miembro de su organización, participar en el campeonato de Venezuela o realizar transacciones financieras con la LVBP, bajo la amenaza de que pueden ser sancionados por las entidades financieras de Norteamérica o por el propio gobierno de Estados Unidos.

Una de las consecuencias más repudiables de esta política de bloqueo de E.UU es que miles de venezolanos que trabajan directa o indirectamente en la industria del beisbol nacional, y que dependen de la temporada para llevar el pan a su familia, corren el riesgo de ver mermadas sus economías.

Gente común y corriente, muchos de los cuales seguramente no comulgan con el gobierno bolivariano, se verán afectados, si el campeonato no se juega. Hoteles, restaurantes, vendedores de refrescos y cervezas, lavanderías, taxistas y hasta los trabajadores de la economía informal que se apostan en las cercanías de los estadios para ofrecer su mercancía de uniformes o alimentos, serán tan perjudicados como los peloteros y equipos.

Quienes piden sanciones contra Venezuela deberían pasearse por ese escenario de destrucción de la economía diaria del ciudadano de a pie, que nada tiene que ver con las disputas políticas y solo quiere trabajar y vivir en un país con orden y paz. ¿Será tan difícil entenderlo?

MLB manda y LVBP acata las órdenes

La crisis que vive la LVBP ha puesto de manifiesto la dependencia y sumisión del beisbol del Caribe y el Pacífico a los dictamenes de la MLB. A través de los acuerdos invernales, la MLB decide quien juega y quien no puede hacerlo en las ligas de la Confederación del Caribe, porque los verdaderos dueños de los jugadores son los equipos de las Grandes Ligas.

Los propietarios de equipos en la LVBP han aceptado esa relación de subordinación y no es de extrañar que algunos dueños apoyan el bloqueo que pone en peligro sus intereses.

El modelo del deporte profesional a revisión

Al margen de la batalla que el gobierno y el país debe librar para combatir el bloqueo del gobierno de Estados Unidos, también hace falta al mismo tiempo una discusión sobre el modelo del deporte profesional en Venezuela. Con la LVBP se creó y se extendió en el resto de los deportes profesionales, un modelo deportivo excluyente que funciona bajo la idea del dueño del equipo. Es decir, un empresario o un grupo de personas con recursos económicos que funda un equipo y participa en una Liga profesional, bien sea de beisbol, baloncesto, fútbol o cualquier otro deporte.

¿Qué ha aportado este modelo deportivo al país? Ha desarrollado atletas y creado miles de fanáticos, que van al estadio, siguen los resultados y participan emocionalmente en las alegrías y reveses de sus equipos. Pero más allá de eso no hay nada. ¿Dónde queda la sede social de los Leones, Magallanes, Tigres o Águilas? ¿Han construido a lo largo de su historia alguna instalación propia para disfrute de los fanáticos?

Venezuela debe pasar del modelo de equipos al de clubes profesionales, donde los fanáticos se conviertan en socios y tengan participación en las decisiones de sus instituciones. Para ello, la próxima Asamblea Nacional deberá aprobar la Ley de Deporte Profesional, un instrumento pendiente en la Ley del Deporte que debe ser transformador.

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