Mabel Sarmiento Garmendia /ÚN. "Desde hace una semana empezamos a ver una grieta. Pero nunca nos imaginamos que se llevaría el barrio por completo. Esa raja fue silenciosa y se comió las casas... Anoche fue que salí del shock. Después de tanto esfuerzo para construir, ahora todo quedó enterrado 50 metros abajo".
Luz Marina Roa, con la cara visiblemente cansada, contaba que gastó cerca de Bs 170 millones de los viejos en materiales para levantar su vivienda. "Era de dos pisos. La hice junto con mi esposo, para el futuro de nuestra hija. Si me hubiesen dicho que era una zona de riesgo no hago esta casa aquí. Ahora no tenemos nada. Todo se perdió en una mañana. Estamos en un refugio. Nos han tratado bien. Ahora no sé cómo será el mañana... Pero estamos vivos".
Desconsolados como la señora Roa, así están prácticamente los habitantes del barrio Juan Vicente Bolívar, ubicado en el kilómetro 4 de El Junquito, el cual por poco desaparece del mapa, tras el deslizamiento que causó el colapso total de siete casas y afectó una veintena más.
En total, según George Moubayed, jefe de Rescate de Protección Civil-Libertador, 33 familias (105 personas) fueron desalojadas definitivamente y llevadas a un albergue habilitado en la avenida San Martín.
Las casas en ese lugar rodaron por el cerro entre 30 y 50 metros. Quedaron como castillo de naipes: una al lado de otra, pero una peor que otra. Se hundieron, se partieron y se doblaron. No sobrevivieron techos, ventanas y puertas. Todo se desplomó y así se observó desde la parte alta del barrio y, también, por la calle que conduce a la urbanización Luis Hurtado, desde donde se vio claramente la magnitud de la tragedia, la cual alcanzó otras cuatro viviendas de la comunidad denominada El gran muro, donde dos moradas están bajo los escombros y otro par presentan destrucción parcial.
Sus ocupantes dicen que toda la atención se centró en el Juan Vicente Bolívar y que nadie les prestó ayuda. "Nos dijeron que debíamos desalojar, pero no si nos reubicarían", contaron los afectados que ayer al mediodía tuvieron que cocinar usando un fogón. Irónicamente almorzaron frente al derrumbe. "Me gustaba comer al aire libre y hoy lo estoy haciendo", dijo una de las señoras damnificadas. "Pero no quiero hablar más porque estamos muy molestos"... El movimiento del barrio no cesaba. La tierra se soltaba y rodaba con peñones. Mientras que las casas aún pie y que están en la línea de la falla deben ser desalojadas cuanto antes. Por eso los vecinos contrataron camiones para sacar sus peroles. "Ayer lo que no pudimos rescatar los amigos de lo ajenos lo hicieron", dijo Eva Castellón. Por ahora no hay luz en la calle principal, y la alerta continuará mientras el deslizamiento esté activo.