Elízabeth Cohen|ÚN.- Como ya es tradición, cada Miércoles de Ceniza en las calles del pueblo de Naiguatá se arma un alboroto para cerrar el Carnaval y dar inicio a la temporada de Cuaresma con el "entierro de la sardina", que desde hace 52 años es una fiesta impelable para los lugareños.
La celebración comenzó el martes en la noche con la lectura de un manifiesto que decreta la parranda. Durante la mañana de ayer los pescadores construyeron su inmensa sardina, de 1,20 m de largo, con una armazón metálica recubierta de papel maché pintado de blanco y azul, a la cual colocaron pestañas para simbolizar la feminidad y la alegría.
El "cadáver de la sardina" es puesto en una pequeña embarcación que los hombres de mar pasean por todo Naiguatá.
El cayuco se llenó de verduras que simbolizan la fertilidad y que son una manera de pedir una pesca fructífera.
Entrada la tarde comenzó el jolgorio. Salieron las viudas, el "sacerdote", el jefe del pueblo, "las monjitas", el diablo y el ángel, quienes acompañan a la sardina hasta la orilla del mar donde es lanzada como una ofrenda para obtener una mejor pesca y cosecha.
La procesión, que comienza con la sátira del gobierno bizarro, fue acompañada por el ritmo de las agrupaciones Sardinas de Naiguatá y La Calenda de Naiguatá.
Mujeres, hombres, niños y comparsas con diversos temas marinos, políticos y carnestolendos pusieron el tono jocoso a la festividad.
En la noche se reunieron a la orilla del mar, para disfrutar de un suculento sancocho antes de dar paso a la temporada de Cuaresma.