PARROQUIAS | 21/08/2011 12:30:38 p.m.
Fotos: Niños mueren de hambre en la Guajira
La situación de Somalia (África) no está tan alejada de Venezuela. A dos horas de Maracaibo, en el sector Los Frailes del municipio Guajira, en Zulia, el escenario es muy similar.
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La situación de Somalia (África) no está tan alejada de Venezuela. A dos horas de Maracaibo, en el sector Los Frailes del municipio Guajira, en Zulia, el escenario es muy similar. Hambre y pobreza reinan entre los 350 habitantes de la etnia añú que lo habita, reseña el diario zuliano Panorama.
La realidad es dramática. El más reciente episodio encendió alarmas en las autoridades de salud tras la muerte del niño Albert Medina, de un año, quien murió el pasado 13 de agosto, a causa de una deshidratación provocada por un cuadro de vómito y diarrea de tres días.
En este caserío olvidado habitan 46 familias que viven hacinadas, hasta diez personas en cada una de las 34 casas, en las que muchas veces no tienen para comer.
“Hay cinco niños que están desnutridos porque no siempre hay comida. Se enferman mucho con vómitos y diarreas por la falta de agua limpia”, relató María Isea.
Los servicios básicos fallan, no cuentan con una red de agua potable, sobreviven con la que extraen del río Limón. “Tenemos que sacar agua del río y eso tiene de todo, hasta gasolina. Mi hijo fue a bañarse y a buscar agua para beber y murió ahogado hace un mes. Tenía 15 años, después murió Albert. Nuestros hijos se están muriendo por todas las calamidades que pasamos”, relató con aflicción frente a la tumba de su hijo, Eleida Medina.
El municipio no cuenta con red de gas doméstico, tienen el servicio a través de bombonas. Por esta razón, Luzmila Isea dice que no hierven el agua que consumen porque el costo de la bombona es de 20 bolívares y tratan de ahorrar el gas tanto como les sea posible, a esto se le suma lo difícil que se les hace buscarlo en Molinete, a unos 10 kilómetros.
Tampoco tienen cloacas lo que contribuye a la proliferación de agentes contaminantes en el ambiente en el que hay tantos niños. María Luisa Lundvik coordinadora de la fundación Benposta — organización sin fines de lucro que tiende la mano a la comunidad— dice que “los niños tienen contactos con las aguas servidas y el excremento”.
Subsisten con los trabajos eventuales que realizan en el campo o en las granjas del sector, reciben un pago de 50 bolívares por día. “Cuando no hay trabajo comemos lo que cazamos, pescamos y podemos cosechar. Muchas veces solo tenemos para darles a los niños una vez al día y nosotros (los adultos) nos acostamos sin comer”, dijo María Isea.
Los 180 niños viven su infancia en una pobreza que los lleva a enfermarse constamente. Pasan sus días jugando. Mientras sus madres los observan sentadas en las entradas de las humildes viviendas, como esperando que aparezca una mano que los asista. Duermen en hamacas o colchonetas en el suelo, en un ambiente sucio.
En la comunidad hay al menos 15 personas con discapacidades mentales. Magdalena Isea, madre de una de las niñas especiales, dijo: “No sabemos de que sufren los ‘locos’ porque no los ha visto un médico. Mi hija es madre de una bebé de un año que, además, está desnutrida”.
Los niños de uno a seis años se educan en un Simoncito, que está dentro del caserío. La etapa básica la cumplen en la escuela de la Fundación Benposta donde los niños reciben la formación hasta el sexto grado. “Queremos que doten al Simoncito de comida porque en lo que va de año sólo les ha llegado una sola vez”, pidió Thaís Isea.
Casi resignado por la situación en la que vive con su familia, William Larreal aseveró: “Estamos arraigados a esta tierra porque aquí nacimos y crecimos, sólo esperamos que nos metan la mano para salir de esta situación”.
ÚN / Con información de Panorama
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