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Caracas, 22/12/2014
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PARROQUIAS | 25/06/2012 06:53:00 a.m.
A ritmo de tambores se abarrotaron las calles en Naiguatá
Llegaron devotos de otros estados para bailar y cumplir promesas. Con el sofocón y la bailadera, a más de uno le dió su yeyo

A ritmo de tambores se abarrotaron las calles en Naiguatá
Hicieron cinco paradas en el recorrido. (Creditos: SI ECO/Cirilo Hernández)
Patricia Cohen/Servineco | ÚN.-

Las calles de Naiguatá se quedaron pequeñas ayer durante la celebración de San Juan Bautista, por la gran cantidad de devotos que quisieron acercarse al pueblo para bailar tambor, hacer peticiones o cumplir pactos de fe.

FOTO: Cirilo Hernández

Un gentío con vestimenta colorada -entre lugareños y visitantes de Caracas, Barinas, Anzoátegui, Maracaibo, Aragua y Carabobo- recorrió, bajo un sol inclemente, todos los callejones de Pueblo Arriba con la imagen del santo en hombros, al son de los tambores.

FOTO: Cirilo Hernández

Reina Tejería, visitante, indicó que viajó seis horas desde Puerto La Cruz para escuchar el repique de los tambores de su tierra. "Nací aquí, al igual que toda mi familia, y aunque esté lejos, esto es algo que sentimos de corazón", dijo.
FOTO: Cirilo Hernández

Para Félix Silva, caraqueño, esta es su primera experiencia y aseguró que sus padres, quienes tienen cinco años asistiendo al evento, tenían razón: "Es algo indescriptible, la magia se siente en el aire", refirió.

FOTO: Cirilo Hernández

Trayecto | Los danzantes hicieron cinco paradas con la figura de San Juan Niño que lucía su mejores galas, adornado con rosas rojas. En cada parada se armaban ruedas gigantes de tambor, donde entraban y salían bailarines, mientras el resto coreaba "Cachito caramba", "échale perro", "Tapa la cuchara", y el tradicional "Si San Juan lo tiene, San Juan te lo da".

FOTO: Cirilo Hernández

La alegría que se respiraba en el ambiente no mermó el sofocón causado por el solazo, la aglomeración y el vaivén de las caderas.

FOTO: Cirilo Hernández

Vendedores de agua, refrescos, granizados, bebidas espirituosas y otros líquidos, hicieron su agosto y hubo a quienes se le fueron los tiempos. A las 2 pm, no cabía un alma ni un carro, pero la cola para entrar al pueblo aún era bárbara. 

FOTO: Cirilo Hernández

Patricia Cohen/Servineco


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