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SEXO | 18/11/2012 06:27:00 p.m.
El origen de la definición del coito según Shere Hite
Nos regimos por la tradicional definición de las relaciones físicas como función reproductora 

El origen de la definición del coito según Shere Hite
Existen estima para este tipo de relación (Creditos: Archivo)
Shere Hite / ÚN 

Existe la teoría de que cuando se conoció la participación del varón en la procreación, lo cual pudo ocurrir hace aproximadamente diez mil años (con algunas variaciones de fecha, según el lugar), empezó a producirse la paulatina intervención de los hombres en las funciones religiosas y a desarrollarse el orden patriarcal con el predominio casi absoluto del hombre. 

Los historiadores no han hecho más que empezar a ensamblar los fragmentos de los testimonios hallados de aquellos tiempos lejanos, y aún queda mucho por averiguar. 

Sin embargo, algunos estudiosos ven en el Antiguo Testamento, entre otras cosas, la historia de aquella pugna patriarcal contra la adoración de las diosas y las sociedades centradas en la mujer y de la transición a una sociedad de predominio masculino que adoraba a un solo Dios. 

También la historia de Grecia y la cronología de los cambios producidos en la mitología griega parecen denotar, en opinión de algunos, un cambio del pensamiento que se aparta de la adoración de las diosas para abrazar el culto de un solo Dios
.
Una evolución similar, por la que el ascendiente de las reinas se trueca por el de los reyes, puede apreciarse en los primeros siglos de la historia de Egipto. Otro ejemplo es la transición de la civilización cretense a la posterior civilización micénica de la Grecia continental. 

De todos modos, estas interpretaciones, aunque constantemente gana adeptos, distan de ser ortodoxas. Los estudiosos en general se muestran de acuerdo con una reciente revisión del período abarcado por nuestra historia (civilizada), según la cual la existencia de sociedades humanas complejas se remontan a 40.000 mil años atrás, lo cual representa una ampliación considerable de la antigüedad que se les calculaba hasta ahora. 

¿Cuál era el papel que desempeñaba el coito en las sociedades patriarcales o “matriarcales”? Ni siquiera en la época patriarcal o de transición se daba a la cópula un carácter romántico ni se la consideraba como el sumo placer físico, más placentera que otras formas de intimidad o sexualidad, sino que se practicaba fundamentalmente para la reproducción; ello era así, por ejemplo, en la mayor parte de los períodos de la historia griega y romana. 

¿Cómo debían ser las relaciones físicas y sexuales en tiempos más remotos hace 20.000 ó 40.000 años, cuando se creía (por lo menos durante algún tiempo) que las mujeres quedaban fecundadas sólo con tenderse bajo el claro de luna? 

Cuándo el coito no tenía connotaciones simbólicas para la sociedad ¿Giraba la vida sexual en torno a actos religiosos colectivos (de fertilidad) más que a actividades “románticas” de tipo personal? ¿O se asociaban las sensaciones sexuales y el orgasmo a los sentimientos “románticos” personales, mientras que los actos de fecundación (cualesquiera que fuesen) se realizaban en ceremonias colectivas o religiosas? 

Existen indicios de que esta última posibilidad es la más próxima a la realidad, pero honradamente hemos de reconocer que no sabemos qué hacía la gente. 

Volviendo a la época actual, debe quedar claro, cuan absolutamente el sexo, tal lo conocemos, está ligado a nuestra historia y organización social. Esta definición parte de las primeras leyes judeo-cristianas que en realidad sirvieron de base al código civil de todo el occidente, leyes que aún inspiran nuestro código actual; además, muchas iglesias imponen todavía las viejas leyes eclesiásticas. Por ejemplo, la iglesia católica prohíbe a las mujeres utilizar métodos anticonceptivos, ya que la finalidad del acto sexual es la reproducción, y la mujer debe poner su cuerpo a disposición del marido para este fin en todo momento; dice también que el padre tiene potestad sobre los hijos. 

Otras sociedades como Japón, China, India y el mundo árabe, una vez implantaron el sistema patriarcal, definieron la relación sexual del mismo modo, es decir, reglamentaron las relaciones físicas a fin de obtener la máxima reproducción y dispusieron que los hijos pertenecen al padre; dicho en otras palabras: la definición de la sexualidad como medio de reproducción es parte inherente de la sociedad patriarcal; o sea, que para que los hombres puedan dominar una sociedad han de controlar la reproducción y ser dueños de los hijos.

 Pero la sexualidad está cambiando, debido, probablemente, en gran medida a los cambios provocados por la revolución industrial. El aumento de la población ya no es tan necesario como antes para asegurar el poder de una sociedad, puesto que ahora existe ya una gran población, y lo que es más importante, las máquinas (y las computadoras) pueden hacer las tareas para las que antes se necesitaban grandes masas de gente, desde cultivar la tierra hasta defender el país. 

Por lo tanto, a medida que la sociedad siente que ya no es necesaria fomentar la reproducción como lo hacía antiguamente, el control de la natalidad se hace cada vez más aceptable (legal), la potestad del varón sobre los hijos (y matrimonio) ha dejado de ser crucial y la cohabitación sin matrimonio se acepta más y más.

Pero estos cambios no han afectado aún profundamente a nuestra idea de lo que es o podría ser el “sexo”. Aunque practicamos frecuentemente el control de la natalidad, en general nos regimos por la tradicional definición de las relaciones físicas como función reproductora centrada en el coito. Pero algunos hombres empiezan a poner en tela de juicio los supuestos de nuestra civilización sobre la “sexualidad masculina” y nuestra definición del sexo: aunque el tema no ha hecho más que empezar a perfilarse, son muchos los hombres que, visceralmente, siente que algo está mal planteado, que, si bien el sexo, tal como nosotros lo entendemos, posee elementos hermosos, acarrea también problemas innecesarios. 






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