Referencias | Seriedad

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En la vida de Simón Bolívar la tragedia fue una constante. La temprana viudez fue el impulso mayor de su segundo viaje a una Europa convulsionada por el dominio napoleónico. Atrás dejaba una vida apacible y de abundantes riquezas, típica de un blanco criollo de su abolengo. Ahora, el joven mantuano se entregaba a placeres más mundanos. Aliviar el dolor del amor perdido era su propósito. Pero una vez alejado de las fiestas y juegos, decide poner orden a su situación existencial. Después de estar unos meses en varias ciudades francesas e italianas y de visitar sitios cargados de gran importancia histórica, Simón Bolívar expuso su compromiso político futuro. Fue entonces cuando bajo la guía moral de su maestro por excelencia, hizo su promesa de lograr la Independencia absoluta.

El juramento del 15 de agosto de 1805 es un importante documento que certifica la responsabilidad histórica que asumió Simón Bolívar con respecto a la realidad americana de entonces. Luego de conversar apasionadamente con Simón Rodríguez sobre las bondades y defectos de historia romana, el futuro estadista se puso de pie ante su maestro y expresó su inmortal compromiso: “La civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus fases, ha hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo. ¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!”.

El ideal de la libertad encuentra fuerza en Simón Bolívar en su segundo viaje al llamado Viejo Mundo. Si bien los problemas personales, el ambiente ilustrado y la presencia de Simón Rodríguez lo motivaron a jurar por la liberación de Venezuela, lo más admirable estuvo en quien juró: un joven que no tenía responsabilidad política o militar alguna, pero que más tarde se erigiría como el líder de la emancipación nuestroamericana. Más allá del gesto romántico que pudiera suponer, el juramento tiene una gran significación por el resultado posterior: el cumplimiento de la palabra empeñada. Nunca dio Bolívar tranquilidad a sus músculos, ni paz a su espíritu, hasta que desalojó de los colonialistas de estas tierras. No eran palabras vacuas, ni retórica oportunista ni arrebato emocional. No era rimbombancia estéril porque la palabra es lo que vale. De eso deberían aprender tanto buchiplumas, hablachentos y boquirrotos que campean por nuestro país. ¡Seriedad!

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