Millennials frente al espejo

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Los productores del reality show que en días previos fueran denunciados por el fiscal general de la República, Tarek William Saab, debieron de haber previsto esta reacción por parte de una de las cabezas del poder moral venezolano. Y no solo preverla, sino incluso alentarla.

La parsimonia que una investigación penal supone en cuanto a tiempos resulta incomparable frente a los que hoy impone la dinámica mediática. Mientras los funcionarios acopian pruebas para constatar el cúmulo de denuncias que en este caso trascendieron, también, de modo instantáneo, el número de visualizaciones del programa en la plataforma YouTube ha aumentado exponencialmente. Si la emisión de “Venezuela Shore” resultara suspendida por razones legales muchos de sus objetivos habrían sido ya alcanzados.

Podríamos preguntarnos si una medida judicial de esas dimensiones no defraudaría, más bien, las expectativas artísticas de los realizadores, pero para ello primero tendríamos que hallarlas. Un análisis preliminar del único capítulo hecho público a la fecha, evidencia, sin embargo, la falta de ambición de su propuesta intelectual. Se trata tan solo de una fórmula televisiva, franquicia del canal de suscripción MTV, ensayada en varios países sin apenas modificaciones, aunque en este caso gestionada por un productor independiente.

Resulta notable, por otro lado, el rechazo que una parte mayoritaria de los receptores del programa ha expresado a través de comentarios en la web, apercibidos de su escasez creativa. Curioso, sobre todo, porque se trata de un producto hecho a imagen y semejanza de los influencers que actúan en ella.

Secreciones envasadas. Del mismo modo que otras series con la palabra shore (“litoral” en inglés) en el título, producidas por filiales del canal MTV, esta versión venezolana apunta a la explotación de situaciones producidas por la convivencia de un grupo de hombres y mujeres en una casa acondicionada para la vida disipada.

“Venezuela Shore” ubica su particular mancebía en la localidad de Lechería, estado Anzoátegui. En ella sus siete atractivos ocupantes (cuatro masculinos y tres femeninos) interactúan a tiempo completo sin tener que preocuparse por tareas propias de la rutina doméstica, como asear, cocinar o procurarse alimento, lo que les deja mucho tiempo para el ocio, o para la práctica del sexo, como lo adelantan desde la primera escena los miembros del elenco. Pese a que la obra carece del nivel técnico de otras grandes producciones, la premisa ha sido articulada en el primer episodio de la serie. La oferta de provocación y escándalo ha quedado a la orden del día.

La simulación como espectáculo. Si bien los programas de telerrealidad no han sido una tradición en nuestro país, donde los medios de televisión privados gustan arriesgarse poco, sí estamos lo suficientemente familiarizados con su dinámica como para aceptar de entrada convenciones propias del género.

La comparación gráfica que más adecuada nos parece la suponen los experimentos con ratones a los que nos acostumbró el mundo de la ciencia.

Es sabido que para que un procedimiento científico de esta naturaleza ofrezca resultados positivos, el laboratorio (la productora) ha de emular condiciones propias de un ambiente natural, recreando de esta manera una realidad de bolsillo, trátese de una cocina con dos docenas de estufas, de una isla de la fantasía desierta o de una casa para la práctica de los placeres mundanos. Pero si en un procedimiento científico el objetivo es obtener respuestas o soluciones a ciertas problemáticas, en los reality shows la atención se limita a la actuación de los ratones.

Los conejillos de Indias de “Venezuela Shore” no son, sin embargo, del todo inocentes. Los siete son mayores de edad y cuentan con la condición de youtuber o instagramer, es decir, son figuras reconocidas por volúmenes importantes de adeptos en el mundo de las redes sociales. La suma de sus “seguidores” alcanza una cifra aproximada a las 2.300.000 personas, dato que no podemos disociar de la estrategia de mercado de la serie.

Si en las versiones en las que el programa se inspira los participantes responden a afinidades de carácter regional en el ámbito costero (Jersey, Gandía o Acapulco), aquí los productores apelaron a esta otra regla asociativa, que habría de ahorrarles los detalles de presentación del elenco y garantizarles por mampuesto una base importante de fans.

A partir de esa idea, la campaña de lanzamiento se sirvió de las respectivas cuentas y/o canales de sus protagonistas para posicionar tanto las claves de la trama como sus posibles nudos dramáticos. Semanas antes del estreno ya muchos conocían detalles turbulentos de la relación entre Rodrigo, Nathalie, Rafa, Poleth, Ricky, Isa y Juan. Pero, ¿cuánto de verdad había en estas coloridas pastillitas de azúcar?

1, 2, 3… ¿¡Sorpresa!? El primer capítulo expuso el encuentro de los jóvenes en la residencia de verano, confirmando, mediante una tertulia introductoria e insertos atemporales, que sus expectativas se limitaban a la posibilidad de relacionarse sexualmente entre ellos.

A la fecha, tres cuentas diferentes con el nombre de “Venezuela Shore” han subido el video de 16 minutos, sumando entre las tres más de 1.500.000 visualizaciones, 68.000 suscriptores y 19.000 comentarios, parte de ese saldo agenciado tras la solicitud de investigación hecha por el Ministerio Público, y la amenaza de demanda lanzada desde la cuenta twitter de MTV Latinoamérica por el uso no autorizado de la franquicia. El experimento había dado resultado.

Críticas

Una muestra de los comentarios más populares y la cantidad de “likes” (“Me gusta”) recibidos en la cuenta YouTube del programa destacan: “Dale like si viniste a buscar el comentario de MTVLA” (3.000); “A todos los que estén viendo esto en otro país, así no somos todos los venezolanos” (2.100); “Vi un minuto de ‘Venezuela Shore’ y sentí autoxenofobia [sic]” (156).

En esta percepción hay, sin duda, responsabilidad de la puesta en escena, en manos de especialistas tan poco comprometidos como para no firmar con su nombre la obra. Lo que sí consigue retratar “Venezuela Shore” es ciertos comportamientos y pautas expresivas que identifican a un sector de la población venezolana. En este caso la exposición cruda del estereotipo semeja el atributo de un nítido espejo. Por alguna razón, a muchos disgusta la imagen que devuelve.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print
Publicidad
×
Publicidad
×
Publicidad
×