Irse a brillar con su música a otra parte

Durante el ensayo previo al concierto, con la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Foto: Edgar Jiménez
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Lo atajamos el día anterior a su viaje a Santiago para asumir su nuevo cargo como director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. En lugar de estar preparando la maleta, se encuentra en la Asociación Cultural Humboldt, para dirigir a su entrañable Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, a la que dejará momentáneamente. Se trata de un cierre de ciclo, trascendental y emotivo. Sin embargo, Rodolfo Saglimbeni se entrega a los ensayos con la rigurosidad propia de un director, sobrio e imperturbable. En el camerino, minutos antes de su presentación, tiene tiempo para repasar su itinerario musical.

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¿De qué circunstancia dependió su formación?

En el año 1981 el director de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas (OSMC), Carlos Riazuelo, organiza una gira y hace contacto con Franco Ferrara para que, además de los conciertos, dé clases a 10 jóvenes directores. Yo era el más joven de todos, con 18 años. Tocaba trompeta y piano, pero lo que yo quería era dirigir. En ese viaje, tengo la oportunidad de trabajar en Londres, lugar que finalmente escogí para iniciar mis estudios como director. Regresé a Caracas, buscamos los recursos, fui a audicionar y eventualmente quedé en la Real Academia de Música. Soy un afortunado porque, de alguna manera, he estado donde tenía que estar para que se dieran las cosas.

¿Cómo es el trabajo de un director de orquesta?

Es en principio un trabajo silencioso (nos muestra una partitura con marcas y anotaciones a lápiz; hace 20 años que raya sobre ella). Antes de yo venir y decir “buenos días” y estar delante de una orquesta, han sido horas de aprenderme toda esta música, marcarla, destacar las cosas importantes. Por muchas horas ese es mi trabajo, escuchando versiones de una misma pieza, por ejemplo, un poquito alejado del mundo, porque se necesita mucha concentración. Y es una labor solitaria porque cuando se disfruta mucho una actividad a veces no quieres que nadie te moleste.

El nivel de un músico se mide por su “virtuosismo”, pero ¿qué es eso?

Es la sensibilidad que debe tener todo artista. Hay personas que son naturalmente proclives a ser buenos artistas y luego reciben preparación con buenos maestros. Es cuando se les abre el camino a seguir, que los va a empujando hasta ser exitosos en la profesión. En otro caso, si bien se puede no contar con una capacidad artística, por ejemplo, a nivel de ejecución, las capacidades técnicas permiten formar docentes de la música, una cuestión muy necesaria también.

Ha sido profesor y tutor, ¿cómo lleva esa faceta?

Me gradué en Inglaterra hace más de 30 años y vuelvo todos los años a un curso internacional de música de directores de orquesta que yo tutoreo. La razón por la que voy es porque me nutro muchísimo. Considero que enseñar es una de las mejores formas de aprender.

¿En qué consiste lo que la OSMC ha llamado “conciertos comentados”?

Es una forma de acercarnos al público, algo que se nos ocurrió hace unos diez años. Porque la idea no es solo que la gente escuche música clásica, sino que también comprenda de qué se trata, explicándoselo con palabras sencillas, ofreciéndole apoyo multimedia, que es la mejor manera de involucrarlo.

Ostenta cargos en juntas y consejos directivos. ¿Cómo compaginar con la música?

Estamos en un ámbito que es muy hermoso y que disfrutamos mientras permanecemos en él. Pero antes y después hay que trabajar en el forjamiento de la base estructural para que eso funcione: los proyectos, las grabaciones, las giras, las relaciones interinstitucionales… Es una actividad muy compleja porque las orquestas manejan grupos grandes de personas, y promoverlas no significa solamente hacer conciertos, sino bregar para que el proyecto salga adelante.

¿Cómo afronta esta responsabilidad con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile?

Conozco la orquesta desde el año 2001, cuando comencé a ir como director invitado y durante casi dos décadas he estado muy en contacto con ella. Gracias a ese crecimiento juntos ahora ellos me eligieron como director titular en un momento también muy importante de la orquesta, cuando está por cumplir 80 años.

La situación de Chile me lleva a preguntarle, ¿la música puede ser política?

La música ha evolucionado dentro de lo que es el contexto social y político de los países. Ha habido guerras donde las orquestas desaparecían por crisis o conflictos determinados, donde lo primero que se sacrificaba era la cultura. Pero, si existe una conciencia clara, una de las cosas que se tienen que mantener son las instituciones culturales. En Venezuela vivimos momentos complejos, pero es un hecho que nuestras orquestas se mantienen muy fuertes. Sentimos que la visión política nos ha ayudado en los buenos como en los malos momentos.

Ficha personal

Nacido en 1962, Rodolfo Saglimbeni estudió música en Venezuela y en la Real Academia de Música de Londres. Fue director asociado de la Sinfonietta de Caracas y de la Sinfónica Venezuela, director artístico fundador de la Sinfónica Gran Mariscal Ayacucho y director musical del Teatro Teresa Carreño. Es profesor de la Uneartes, tutor de Dirección de Orquesta en Fundamusical Simón Bolívar y la Escuela de Música del Mozarteum de Caracas.

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Para el director no hay forma de perder el arraigo en su país. Foto: Edgar jiménez
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