ELMAGODEOS: La seriedad del humor

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Mucha tinta ha corrido sobre la imagen pública y la imagen privada de un personaje conocido, pese a que la audiencia pocas veces establece la diferencia entre una y otra. Incluso hay un apartado relacionado con tal dualidad que resulta especialmente interesante en el medio artístico: el que tiene que ver con los humoristas.

Quienes están acostumbrados a verlos en sus lugares de trabajo (televisión, teatros, restaurantes, etc.) quedan realmente desconcertados cuando tienen la oportunidad de establecer algún tipo de contacto directo con ellos. Las palabras infaltables son: “Qué sorpresa, es muy serio”. Y efectivamente es así en la mayoría de los casos.

Benjamín Rausseo, Er Conde der Guácharo, incorporó a alguna de sus rutinas unas líneas inspiradas en ese baño de realidad para explicar lo que significaba ir por la calle y que algún anónimo le pidiera que contara un chiste.

En su estilo y con su lenguaje, comparaba la situación con un ginecólogo a quien no se le pide que haga alguna demostración pública de su rutina de trabajo. La broma termina siendo una lección de gran profundidad.

Al final, hay personas que ejercitan el humor como sustento y, generalmente, quienes obtienen los mejores resultados es porque se toman muy en serio la responsabilidad que implica hacer reír a los demás y no porque vivan generando jolgorios en los ambientes donde se mueven. Del oficio al relajo hay un trecho.

Todas estas afirmaciones conducen a un camino: el impacto que ha causado saber que Emilio Lovera se suma a la lista de los sobrevivientes de cáncer de colon. El maestro de la risa, el creador de inolvidables personajes en la pequeña pantalla, enfrentó un duro trance personal rodeado de su círculo más íntimo.

Con los focos apagados y arropado por los abrazos de sus seres queridos se sometió a las intervenciones requeridas y a los tratamientos recomendados. Decidió hacerlo desde el silencio, pese a que las oraciones e incluso las donaciones, si hubieran sido necesarias, le hubiesen sobrado como agradecimiento por todo lo que le ha dado al país desde su tribuna.

Una demostración más de la prudencia con que ha llevado su vida privada y de su objetivo de infundir alegría en quienes lo siguen. Contenta saber que el episodio de su enfermedad tuvo un final feliz. Y reconforta la convicción de que más temprano que tarde estará nuevamente sobre los escenarios. l

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