Ellos se robaron el show (I)

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La telenovela venezolana vivió un momento de esplendor a finales de los 80 y principios de los 90, cuando logró disputarse el favoritismo del público mundial con las producciones mexicanas.

Tramas, subtramas, locaciones y actuaciones se juntaron en paquetes que significaron jugosas ganancias para sus realizadores. Esa llegada a la cúspide resultó de una historia que comenzó décadas antes y que en su crecimiento dejó personajes memorables en el colectivo.

Las próximas líneas estarán dedicadas, precisamente, a algunas de las interpretaciones más impactantes en la industria nacional del melodrama.

Pura maldad. A partir de 1965, El derecho de nacer se convirtió en un éxito de audiencia. Su transmisión se extendió a lo largo de dos años, 2 meses, 8 días y 2 horas, convirtiéndose en la telenovela más larga hasta Por estas calles.

La historia del cubano Félix B. Caignet sembró dos personajes: Albertico Limonta (Raúl Amundaray) y Don Rafael (Rafael Briceño). El primero fue el protagonista y el segundo guardaba el secreto de la historia, inspirando una canción del maestro Billo Frómeta.

Las adaptaciones de dos clásicos de la literatura también delinearon personajes para el recuerdo. Primero lo hizo Julio César Mármol, en 1978, con Los hermanos Karamazov, de Fiódor Dostoyevski, para crear La fiera. Eleazar Meléndez (Carlos Márquez) y La Chinga (Romelia Agüero) se relacionaban con la protagonista.

Uno la llamaba Catirrucia y la otra la tiraba por las greñas. Más tarde, en 1984, José Ignacio Cabrujas se inspiró en El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, para desarrollar La dueña. En esta telenovela intervino una de las villanas más aterradoras de la pantalla chica: Purificación Burgos, interpretada por María Cristina Lozada.

La Burgos comparte “honores” con la terrible Constitución Méndez (Caridad Canelón) en Señora (1988) y con Pastora Lara Portillo (Flor Núñez) en El desprecio (1991). Coincidencia: los escritores Cabrujas y Mármol, respectivamente, fueron sus creadores.

Cerquita del temible triunvirato se ubicaría Maniña Yerichana (Hilda Abrahamz), quien junto a Tacupay (José Torres), trascendieron las líneas creadas por César Miguel Rondón en Kaína (1995).

Fuera de lo común. El decálogo de la telenovela dice que la protagonista debe ser bella, inocente, bondadosa… en fin, la mata de la perfección. Sin embargo, dos actrices se robaron los aplausos por el tratamiento característico de sus papeles.

Maricarmen Regueiro interpretó a la joven cegatona y tartamuda Clara Inés en El desprecio, mientras que Mónica Spear dio vida a Micaela, con condición de síndrome de Asperger, en La mujer perfecta (2010), de Leonardo Padrón. l

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