Dorado que alimenta

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Los alimentos naturales de color amarillo protegen contra algunos tipos de cáncer, ayudan a la vista (especialmente la visión nocturna), mantienen el corazón sano así como el sistema inmune. Los alimentos de color amarillo o anaranjado brillante contienen Vitamina C y el fitoquímico caroteno. Los alimentos en este grupo incluyen las manzanas amarillas, el melón, la toronja, la lima, los mangos, las nectarinas, las naranjas, los duraznos, las peras amarillas, la piña, las zanahorias, los pimientos amarillos, las papás, la auyama amarilla, los tomates amarillos, el membrillo, la lechosa, y las mandarinas.

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El betacaroteno que se encuentra en las frutas y hortalizas de color rojizo, amarillo y anaranjado, principalmente en las zanahorias y el tomate, aunque además se halla en los nísperos, albaricoques, mangos, melocotones, lechosas, brécol, auyama, maíz, pimientos, así como en verduras de hoja verde, como las espinacas. Cuánto más intenso es el color de un vegetal, más betacaroteno contiene.

Los especialistas destacan que la mejor manera de ingerir betacaroteno es a través de una alimentación sana que cumpla todas las necesidades que requiere el organismo, pero también reconocen que esto no es siempre posible, por el ritmo de vida que se suele llevar, sobre todo en las ciudades.

La acción antioxidante del betacaroteno puede retrasar la aparición de las lesiones de envejecimiento y, además, sus cualidades se extienden a otros tejidos, como el ocular, donde reduce la incidencia de la destrucción del pigmento epitelial de la retina inducido por los rayos ultravioletas».La doctora Guerra afirma que «las cualidades fotoprotectoras y antioxidantes del betacaroteno frente a los rayos solares también permiten retrasar el envejecimiento cutáneo, del que son responsables los radicales libres”.

Aunque el caroteno beta no se considera como una vitamina, parece ejercer en el cuerpo una actividad independiente de su conversión en vitamina A, la cual gira en buena parte en torno a la prevención del cáncer y la protección contra las enfermedades cardíacas, dos de los principales asesinos del mundo occidental. Los estudios muestran que quienes obtienen mucha vitamina A de fuentes vegetales, en forma de carotenoides, tienen menor riesgo de sufrir cáncer de pulmón, del cuello del útero y gastrointestinal, mientras que aquellas personas que obtienen su vitamina A de comidas de origen animal no están tan protegidas.

La dieta diaria no siempre aporta las cantidades necesarias de betacarotenos: unos pigmentos antioxidantes de color amarillo-naranja, que nos protegen de los efectos de la edad, previenen las principales enfermedades y resguardan nuestras células del deterioro y la degeneración.

Estos saludables pigmentos, no sólo confieren a la zanahoria, el melón, el albaricoque, el tomate e infinidad de frutas y verduras su característico color brillante, sino que, además, proporcionan al organismo humano una potente protección natural contra el envejecimiento y los agentes ambientales como las radiaciones ultravioletas, y contra algunos de sus principales enemigos mortales como el cáncer y los trastornos cardiovasculares.

El betacaroteno, también denominado caroteno-beta o provitamina A, es el más conocido de los carotenoides: una familia de pigmentos naturales amarillo-naranja, que se incorporan al cuerpo a través de los alimentos vegetales y que una vez dentro del organismo se transforman en vitamina A, en la medida que lo demande nuestra fisiología.

“Sus beneficios y papel protector para la salud, obedecen a su función antioxidante, consistente en resguardar a las células y tejidos del deterioro y la degeneración derivadas de la oxidación, que se produce por la acción de unas moléculas denominadas radicales libres, que son unas de las principales causas del envejecimiento y las enfermedades del cuerpo”, comenta la nutricionista Belinda Suárez, quien recalca que, pese a que los protectores betacarotenos están presentes en numerosas frutas y hortalizas de color rojizo, amarillo y anaranjado, que son económicas y están disponibles a lo largo de todo el año, a menudo hay que reforzar su aporte mediante suplementos, porque no se toman los suficientes por medio de la alimentación.

Cuantos más radicales libres hay en el cuerpo, más lesiones celulares se producen y en más años se reduce la expectativa de vida. Cuantos más antioxidantes circulen por el organismo, dispondremos de más salud, longevidad y calidad de vida.Estas sustancias colorantes, precursoras de la vitamina A, ayudan al organismo a defenderse de forma natural contra los rayos del sol, por lo cual los especialistas recomiendan su consumo a las personas expuestas habitualmente a los rayos ultravioletas, UVA.

«Al ser ricos en antioxidantes, los betacarotenos neutralizan la acción de los radicales libres producidos por los rayos UVA y, a largo plazo, actúan como un protector frente a los cánceres cutáneos», explica la dermatóloga Aurora Guerra.

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