Negociación

La persistencia en el fracaso de las llamadas negociaciones que se han intentado infinidad de veces entre el gobierno y la oposición, está determinada por la recurrencia de un mismo fenómeno de intolerancia expresado siempre por la oposición en cada oportunidad, precisamente por su falta de criterio político para enfrentar ese escenario.

El solo término “negociación” es en sí mismo controversial, porque remite más a una transacción de tipo comercial o corporativa que un acercamiento de puntos de vista políticos, como en efecto tienen que entenderse tales encuentros.

A la intensa confrontación existente se ha llegado, en primer lugar, por la progresiva distorsión de conceptos que debieran ser universales, pero que la oposición ha tergiversado adrede en la búsqueda de potabilizar entre el pueblo su propuesta discursiva y hacer de alguna manera justificable la violencia que ha desatado cada vez que ha querido imponerle al país su punto de vista.

De ahí que conceptos como “Libertad”, “Democracia”, Dictadura”, signifiquen en la narrativa opositora exactamente lo contrario de como la humanidad los entiende, porque en su estrategia no es de ninguna manera conveniente aparecer como exponente del modelo neoliberal capitalista, en virtud de lo cual el disfraz de progresista le es obligatorio.

¿Cómo “negociar” entonces con quien de entrada sostiene como sus supuestos intereses los mismos que su contrario en la mesa, solo que no puede reconocer o aceptar que, en su caso, dichos intereses, por los cuales ha luchado en las calles y va a defender en esa reunión, están viciados de falsedad?

Toda búsqueda de acuerdo político en la que alguien que alegue ser vocero de alguna idea de libertad promueva a la vez una invasión extranjera, estará destinada al fracaso.

Como lo estará si quien dice luchar contra la dictadura como forma de gobierno, es el mismo que considera legítimo a un autojuramentado por el cual nadie ha votado jamás para Presidente. O, si ese mismo interlocutor sostiene que la democracia no es válida cuando gane el que ganó sino el que siempre pierde.

Fácil no es. Pero, aún así, hay que perseverar en el diálogo como demostración al mundo que sí hay alternativas civilizadas a la invasión. Quienes lo objetan demuestran que no tienen la razón.

Alberto Aranguibel
Comunicador e investigador

Inventiva opositora

La carencia de un discurso fundamentado, que surja de las ideas o de las propuestas de país debidamente estructuradas, obliga a la oposición a apelar a la inventiva para dotar de justificación viable su sed de poder.

Solo que esa inventiva tampoco se sustenta en elementos válidos, confiables, o tan siquiera creíbles. Es, por lo general, una bravata nacida de la más febril improvisación y nunca de la deducción lógica. Mucho menos del razonamiento de naturaleza científica.

Es así como inventaron lo de esa invasión cubana en Venezuela, que ni siquiera ellos se creen pero que refuerzan con formulaciones descabelladas que convencen solo a los que asumen la absurda hipótesis, más por miedo a ser execrados y hasta agredidos por sus copartidarios que por ninguna otra cosa.

La tesis de la “invasión rusa” que ahora incorporan, forjada con el mismo método de la llamada “comunicación perversa” (como se le denomina a la forma discursiva mediante la cual se apela a la mentira más gruesa ya no para convencer sino para destruir al otro) es solo una variante de esa que acusa a los médicos cubanos de invasores.

Pero la que con toda seguridad es la modalidad de discurso opositor más cínico e inmoral, es la que explica su supuesto “derecho” a los beneficios sociales de la Revolución, como los Bonos de la Patria, las cajas Clap, etc., porque, según ellos, los escuálidos pagarían impuestos y esos beneficios (que al decir de los opositores serían un “derecho constitucional”, lo cual es falso) se financiarían con su dinero.

Primero, que es totalmente probable que no exista un solo escuálido que pague, no solo impuestos sino ni siquiera la gasolina, el agua o la electricidad, como para andar reclamando derechos para los cuales no tributa lo que es debido.

Luego, que esos beneficios que con tanto esfuerzo lleva adelante el Presidente Nicolás Maduro, no existen de ninguna manera en la Constitución, sino que surgen del empeño del Jefe del Estado por proteger al pueblo de los efectos devastadores de una guerra desatada por la oposición, precisamente para generar angustia y padecimiento entre la gente.

Qué sabroso debe ser para esos opositores chulearse esos beneficios gracias a ese febril empeño de andar inventando barbaridades sin la más mínima vergüenza.

Alberto Aranguibel
Comunicador e investigador
albertoaranguibel@gmail.com
@SoyAranguibel

Tiraparaísmo

En Venezuela, llevar a cabo una acción audaz, improvisada, irracional e impulsiva, de la cual se espera un resultado favorable aún cuando no se tenga ni la más mínima idea de cuáles puedan ser sus consecuencias, ni adversas ni positivas, se denomina “tirar la parada”. Una acción revestida siempre de irresponsabilidad e insensatez, cuyo éxito dependerá más de algún milagro que del juicio humano.

De ahí que el accionar de la dirigencia opositora venezolana tiene que estar inscrito inevitablemente en esa definición que describe de manera cabal y perfecta la agenda política de un sector empeñado en mostrarle al mundo la ineptitud y la incongruencia como rasgos determinantes de su conducta.

La chapuza del 30 de abril en la autopista del este (que pretendió presentarse como toma de una instalación militar) no puede ser entendida de ninguna otra manera como no sea la de un albur, una apuesta en el aire, una parada sin sentido, sin ningún otro propósito que “ver si se daba”, pero sin apoyo ni fundamento alguno que no fuera el de los dedos cruzados o la íntima oración de los complotados.

Un suicidio político que, al llevarse a cabo, reconocía que no tenían ninguna confianza en la “marcha más grande de la historia” que habían convocado para el día siguiente.

Con su audacia desactivaron esa convocatoria que, a diferencia de la intentona subversiva, era legal y podía haber concitado una participación mayor que la que a todas luces iban a tener en la autopista. Que ponía en riesgo la credibilidad del autojuramentado, así como el beneficio de libertad condicional de su líder.

Pero que también ponía en tres y dos al primer vicepresidente de la AN en desacato que, de no haberse presentado en ese escenario, con toda seguridad habría asumido más temprano que tarde la presidencia de ese ente parlamentario.

Y, lo que es más lamentable; engañar a militares que acaban de ser ascendidos, para frustrarles así caprichosa e inútilmente sus carreras.

El fracaso, que era tan claramente previsible, no fue evitado a pesar del obvio revés hacia el cual se dirigían.

¿Por qué perseverar tan tercamente en lo inviable? La obstinada recurrencia opositora en la insensatez (invariabilidad errática) no puede ser entendida sino como un culto al “tiraparaísmo”.

Alberto Aranguibel B.

Busca en kioskos o en la Tienda UN tu Guía Líder de Grandes Ligas con la información de los 30 equipos de la Liga Americana y la Liga Nacional, además del mejor contenido sobre los venezolanos de hoy y los más destacados desde que el Patón Carrasquel llegó a la hace 80 años.