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Necesario es votar

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Laura Antillano.- Mi madre alguna vez me contó de cómo fue que ella formó parte de la primera generación de mujeres que votó en Venezuela.

Para lograrlo las mujeres hicieron manifestaciones, firmaron documentos, se reunieron y comunicaron, hicieron grupo, bloque, comunidad, hasta que lograron el objetivo.

Entre ellas había unas cuantas periodistas, quienes representaban un sector de la población femenina bien informado y con disposición al cambio, indudablemente.
En esa elección ganó la presidencia el escritor Rómulo Gallegos, quien estuvo en el poder siete meses, sí, así: siete meses. Ni siquiera un año, y salió exiliado por un golpe de estado ejecutado por un triunvirato militar presidido por Marcos Pérez Jiménez. Pero a lo que íbamos era al asunto de las luchas por el voto. Lo que significa defender el derecho a expresar la propia voluntad, que muchas veces no es ni tan voluntad ni tan propia.

A donde queremos llegar es a la consideración de que votar es importante, es un logro, una reivindicación, un derecho, una oportunidad de hacer valer el punto de vista personal.

Renunciar a un derecho de esa magnitud es echar por tierra todas las acciones ejecutadas por mucha gente, justamente para lograr ejercer ese mandato. Se trata de vidas sacrificadas por décadas, y evidentemente que ello conlleva una cantidad de circunstancias de orden social que define el día a día de cada ciudadano, caracterizando hasta lo que creemos como respuesta psicológica individual.

Me refiero a los miedos, las creencias represoras, la incapacidad para elucubrar sueños de vida futura, o incluso asumir o no creencias religiosas, prejuicios y autolimitaciones. Las raíces de lo que pensemos creo tienen que ver con el acceso a la libertad de información, con el tamaño del mundo al cual podemos acercarnos y al que aspiramos.

Hasta el deseo de imaginar tiene una semilla de origen en este tipo de circunstancias. Entonces en los años cuarenta, las mujeres, tratadas con frecuencia como ciudadanos de segunda clase, tuvieron que jugársela seriamente para acceder al voto.

Mi madre era artista plástico, trabajaba en la Cartografía Nacional en Caracas, que es la institución donde se fueron creando los mapas de este país, el inventario de líneas que definió el espacio en circulación de Venezuela. Allí ella y Lía Bermúdez se conocieron, y conversaban largamente mientras dibujaban, sustentadas en la información de los investigadores, desde los españoles al mismísimo Agustín Codazzi y los siguientes.

Los hilos comunicantes que enlazan tiempos y espacios, si los vemos desde la perspectiva aleatoria de los lenguajes del arte y la poesía, veremos que se enlazan distintos, más pueden llegar a conclusiones y hallazgos cercanísimos a las directrices de la investigación científica (pero eso ya lo dijo la física cuántica).

El hecho es que estas dos mujeres que en esas décadas soñaban y se sentían representantes de la vanguardia en el contexto de sus vidas, fueron defensoras del derecho al voto y lo consideraban una reivindicación muy importante para el destino de las mujeres en el ejercicio de sus derechos. Y hoy día, muchas décadas después y desde la mirada de otro siglo, seguimos pensando que el voto es fundamental y es lo que define la existencia de la democracia. No ejercerlo es un desafío en favor de la renuncia a la soberanía nacional.

@laurAntillano

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