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Laura Antillano | Refrescar a Mandela

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Laura Antillano.-El mundo entero sé dedicó esta semana a celebrar los que hubieran sido 100 años de Nelson Mandela, la admiración y el fervor que sentimos por su trayectoria se deben al reconocer su gestión por la búsqueda de reconciliar un país cuyo sustrato racista y colonialista, diseñado con la huella identificadora del apartheid, jamás hubiera fijado las bases de una nación verdadera.

Se le debe a Nelson Mandela la unificación de un territorio donde se hablan nueve lenguas, (idiomas distintos), y donde otras diferencias culturales, y básicamente el establecido por los colonizadores, aun mantendría una guerra sin cuartel en un territorio que ocupa todo el extremo sur del Continente africano.
Él, como líder de la resistencia, produjo un movimiento internacional, con adhesiones en todo nuestro planeta. Un ser humano que sufrió 27 años de reclusión carcelaria, en virtud de su entereza ética.

Desmantelar la noción sustentadora del llamado Apartheid no fue tarea fácil, y requería de una acción contundente, y el respaldo de sectores políticos de avanzada desde todo el territorio planetario.

En Valencia de Carabobo se realizaron una serie de actividades en comunión con esta celebración mundial, contando con el respaldo oficial local y la asistencia de representantes de la Embajada de Sudáfrica y el Ministerio de Cultura. Lo sencillo, lo importante, es el celebrar y comunicar a quien lo desconoce la significación inmensa de lo que este líder planetario hizo, con su afán incansable, por unir una nación que tiene tres capitales y cerca de diez lenguas oficiales en su diversidad.

Recordamos, conversando en la Casa de la Cultura de Naguanagua, el acto que se celebrara en los 80 en el Teatro Municipal de Valencia en su homenaje, con la presencia de delegados del Congreso Nacional Africano, (dado que el propio Mandela seguía en cautiverio obligado). Leímos un par de páginas de Solitaria Solidaria, novela en la cual recreamos imágenes de esa experiencia, que tuvo testigos riales y un orador verdadero, el profesor Luis Díaz, ya fallecido, a quien recordábamos en colectivo cariñoso hace algunas semanas.

Mandela da para eso y más, y lo mismo debe ocurrir con su doctrina en el mundo entero. Aquí hubo concierto con la dirección de Ángel Balán en la Plaza Sucre, y oradores de orden, además en una sala expositiva donde disfrutamos del trabajo fotográfico de Miguel Esqueda.

Hablamos pues de revitalizar una memoria viva de alguien modélico, que fue capaz de unificar una nación gigantesca, con muchas diferencias en su composición social.
Una tarea como esa requiere de una infinita paciencia y del via crucis de las conciliaciones entre muchos factores, donde lo inesperado florece a cada paso.
¡Salve Nelson Mandela! Mucho te admiramos.

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