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Despenalizar el aborto

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Laura Antillano.- Bajo inclemente sol o tormentosa lluvia, o aguantando piquetes policiales que las dispersan a rolazos, o maridos enardecidos que las encierran bajo llave y otros vejámenes, las mujeres del mundo, en los últimos días con mayor clamor, dan la pelea en la calle por el derecho a abortar dentro de términos de protección médica.

La despenalización del aborto como propuesta pone en evidencia dos realidades. Por un lado la de que el aborto existe (penalizado o no), por otra, que su realización clandestina pone en peligro a la mujer, y su legalización disminuiría notablemente las fuentes de riesgo.

La discusión sobre el tema ha recorrido las fuentes informativas del mundo entero. Quien lo ignoraba ha tenido que enterarse, porque es un asunto crucial del que se habla en todas partes.

Adolescentes, jóvenes, mujeres adultas, y en general, gente de ambos sexos de todas las edades, han despertado curiosidad por el tema, en buena medida a partir de que en Argentina, al darse los primeros pasos para la legalización de este procedimiento, se destapó una gran olla que puso al mundo a pensar en la enorme importancia de darle respuesta a este procedimiento, no solo para las interesadas sino para la población del planeta en muy diversos escenarios.

Por una parte el punto número uno es el derecho a tomar decisiones sobre el cuerpo propio; en segundo término el tener más cautela y previsiones para traer a la vida a un ser humano, cuya primera condición debiera ser la de que fuera deseado, y su llegada contara con las condiciones necesarias. Y la lista a continuación es realmente grande, cuando nos situamos en cuáles son esas condiciones que acompañan desde la gestación y el nacimiento a una criatura que se dispone a la vida.

Las redes sociales por estos días están repleta de información acerca del tema, adornada con todas las acciones que se llevan a cabo en montones de espacios y con actuantes totalmente diferentes, en el empeño de que la aprobación a la acción del aborto, vigilado médicamente, protegido y reglamentado en términos de respeto legal, sea posible.

El caso de Argentina nos atañe más de cerca porque es un país de nuestra América, y el movimiento femenino viene dando grandes pasos en su territorio por esta causa. Por supuesto que en Venezuela el anhelo ha producido durante años muchos gestos en su pro, y tener la vista puesta en el territorio astral, conlleva la posibilidad de una cadena de acercamiento a la posibilidad de que aquí se reproduzca la línea de acción que daría continuidad a tal logro.

Lo cierto es que las manifestaciones al respecto, las discusiones álgidas en redes sociales con puntos de vista controversiales, y el despertar de muchos y muchas que en su letargo se oponen o sencillamente no se habían detenido a revisar los alcances de la prohibición, está llevando a cabo un sacudón del tamaño de un tsunami.

El asunto es que, si observamos “los toros desde la barrera”, nos preocupa la convivencia mental de los extremos en pleno siglo XXI.

Si bien el mundo tienen un sacudón de mata que hace ver la dimensión exorbitante de cambios en la acción de las mujeres, en cuanto a la vida pública, la toma de decisiones que atañen a la Humanidad en conjunto, y ya ve en ellas (nosotras) cualidades particularmente notables para llevar la batuta, en la conducción de las grandes decisiones; el machismo mezquino y arrogante, al estilo de la mismísima Edad de Piedra, sigue tan campante, dejando ver su estela selladora en muchos gestos y circunstancias de este presente inesperado.

Me inspira escuchar a jovencitas y/o mayorcitas con conciencia feliz de sí mismas, trazando el camino de sus circunstancias, como me aterra ver a otras y otros, en el ejercicio de la más absoluta docilidad, enraizada en un pasado de degradación decadente, capaz de anular cualquier respiro de independencia y decencia mental. Queremos, sin lugar a dudas, ver triunfar a las de “avanzada”, con la mirada segura en la definición de un camino que les de la solidez de un futuro prometedor, con optimismo y alegría. Que así sea.

Laura Antillano

@LauraAntillano

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