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Aurora Lacueva | Solo huellas de buen trato

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La Navidad incita a pensar y actuar a favor del bienestar de las niñas y los niños, y a no olvidar que todas y todos los pequeños merecen vivir bien y ser felices. Al respecto, vale destacar que Unicef -el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia- ha lanzado la campaña “Para cada niño, solo huellas de buen trato”, con el fin de contribuir a la prevención de la violencia contra la niñez y la adolescencia y a la promoción del buen trato. Qué bueno cuando las huellas que deja la niñez son de amor, estímulo y apoyo, de caricias y palabras amables. Esas huellas dan alegría y confianza, en su momento y para siempre. Qué dañino arrastrar a lo largo de la vida huellas de una niñez de gritos, menosprecio, golpes o duros castigos.

La situación entre nosotros no es positiva: en una encuesta nacional realizada en 2011 por el Ministerio de Educación y Unicef entre adolescentes escolarizados, más de 69% de los encuestados aseguró haber sido objeto de algún tipo de violencia en el hogar, 51% en la comunidad y 89% en la escuela, siendo la violencia psicológica la más común. Adicionalmente, un estudio de Unicef y el Centro de Investigación Social (Cisor) en 2014 reveló que 78% de los cuidadores están dispuestos a usar el castigo físico, y 89% no identifica que el derecho a un buen trato significa abstenerse de gritar, golpear y humillar a los niños, niñas y adolescentes.

No se trata de que los dejemos sin orientación para que hagan “lo que quieran”, sino de que nuestra educación evite el maltrato. Las normas y valores se enseñan con el ejemplo, así como explicando de manera sencilla su porqué y haciendo ver los perjuicios de no cumplirlas. En vez de recibir un castigo, los niños y niñas -sobre todo los más grandecitos- pueden realizar acciones compensatorias luego de cometer una falta: ayudar a limpiar, tener una atención con un familiar o vecino, pedir excusas a quien se perjudicó.

Aun los más pequeños perciben la diferencia entre educación y represión. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ser escuchados y respetados y a participar en las decisiones que los afectan de acuerdo con su edad. Como nos alerta Unicef, la violencia marchita mientras que con el buen trato cada niño puede florecer.

lacuevat@hotmail.com

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