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SUCESOS | 15/07/2012 12:37:00 p.m.
Los linchamientos: la ira colectiva fuera de control
Desde el Cecodap se exhorta al Estado a garantizar la administración de justicia oportuna y el derecho a la seguridad

Los linchamientos: la ira  colectiva fuera de control
La ira colectiva se sale de control (Creditos: Archivo)
Jesús Alberto Yajure.- Es una multitud iracunda pidiendo a gritos la cabeza de un hombre que violó a una niña o un niño. Es también la adrenalina de la muchedumbre que, en medio de un aire enrarecido, golpea con piedras, palos -y todo lo demás que encuentre a su paso- a una persona. Es el despojo colectivo y momentáneo de la racionalidad. Una fuerza incontenible, la venganza obtenida por medio de la muerte. Los linchamientos son todo eso y más.

Pasó en 2009 en el sector El Valle de Caracas. Por poco se repite el año pasado en Guanare, en el estado Portuguesa. Y pasó el jueves 28 de junio en Carúpano, estado Sucre. En cada uno de los casos, los crímenes contra niños fueron el detonante del odio colectivo.

Rubén Peña, antropólogo y docente de la Universidad Central de Venezuela (UCV), aclara que aunque a veces vistos como instrumentos de "justicia" colectiva, los linchamientos son respuestas que transgreden y superan la ley.

"Son fenómenos complejos, en los que los individuos actúan como en un efecto de cardumen. En ese momento las personas actúan con suma violencia. Es casi una sociedad paralela en la cual la violencia es aprobada por el grupo, aunque sea temporalmente", explica.

Añade que el linchamiento es un proceso que se nutre de la frustración; surge muchas veces como una reacción para hacer público un descontento o lo no satisfecho: "Como la norma social no protege al colectivo, entonces el colectivo actúa para restituir esa garantía. Se castiga la monstruosidad con más monstruosidad. Y al menos para ellos, la conducta agresiva es aceptada sólo en ese espacio-tiempo. Se alteran por momentos las normas sociales, y después llega un mecanismo de regulación que permite que todo vuelva a la normalidad que restituya el orden".

Antonio Carmona, psicólogo social, estima que los linchamientos son la respuesta colectiva a la impunidad: "En los linchamientos la regla es castigar un crimen, generalmente bastante salvaje, y restituir el orden social que fue roto. Estos crímenes rompen con todas las normas y contratos sociales. Ocurren cuando la institución (o el Estado) que es la encargada de procesar el hecho, no brinda una respuesta lo suficientemente fuerte para suturar la ruptura. Es lo que da pie para que la gente tome la justicia por sus propias manos".

Explica que los individuos que participan en linchamientos no tienen el control sobre las decisiones que se toman en masa, al tiempo que advierte que entre ellos no se reprochan o cuestionan moralmente porque es el colectivo el que toma las decisiones.

"Las voluntades de los participantes son distintas a la voluntad de cada individuo. Si preguntas individualmente a la gente que participó en el hecho de Carúpano, quizá algunos admitan que el castigo fue excesivo. Pero el linchamiento es un fenómeno de la masa. Es el grupo el que toma las decisiones distintas a la que tomarían los individuos de manera aislada y esta es también la explicación del por qué ocurren los genocidios. La moral opera de manera diferente cuando se somete a un dictamen de una mayoría como esa", afirma.

Carla Villamediana, vocera de Cecodap -una organización que defiende derechos de niños, niñas y adolescentes-, enfatiza que los linchamientos no son una solución: "Es el Estado el que debe garantizar la seguridad, la integridad de las víctimas de estas violaciones y la aplicación de justicia y el debido proceso a los victimarios o culpables".

Peña cree que la fuerza de las multitudes es casi incontenible, porque la violencia se internaliza, trascendiendo lo racional. "Una vez que se ha desatado, es casi imposible detenerlo. Un colectivo que actúa así sólo puede disiparse con represión porque tiene la fuerza de una avalancha".

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