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SUCESOS | 26/08/2012 07:30:00 a.m.
En Pinto Salinas impera la ley del silencio
Los vecinos están hartos del acoso policial, pero confiesan que no denuncian a los azotes porque son sus hijos y viven en sus casas

En Pinto Salinas impera  la ley del silencio
Los vecinos tienen miedo (Creditos: Archivo ÚN)
Victo Escalona.- ÚN 

Hace un mes, Magaly Rangel, vecina de Pinto Salinas, subía por la Calle Real a las 7:30 pm. Iba deseosa de descansar luego de una jornada de 12 horas en la clínica popular donde trabaja. 

Estaba muy cerca de su casa, pero un intenso tiroteo la obligó a devolverse y refugiarse en la Plaza Andrés Bello, ubicada en una concurida avenida caraqueña y a pocos metros del barrio.

 Permaneció allí hasta las 3:30 am, cuando cesó el enfrentamiento entre azotes. En ese espacio encontró a Pedro Subero, un compañero de drama. Luego de varias horas de compartir el miedo en los bancos de la plaza, descubrieron que los líderes de las bandas que se caían a tiros eran sus sobrinos.

La conclusión de estos dos vecinos es la misma queja que de todos los residentes de Pinto Salinas: “Sabemos que la delincuencia es la que manda en el barrio, pero no denunciamos a nadie porque tenemos a los azotes dentro de nuestras casas. 

Aquí lo que impera es la ley del silencio y por eso ha habido tanto muerto”.

Ángel Ponce
dijo que “por culpa de esa absurda ley de callar lo malo para proteger a un miembro de la familia” fue que le mataron a su sobrina Soledad Longa, una mujer que sufría discapacidad mental, quien fue tiroteada por supuestos funcionarios, el pasado martes. Aunque tenía 38 años de edad, en el barrio la conocían como “la niña”, porque siempre actuó con inocencia. Tanta era su indefensión, según cuenta Ponce, que en el año 2010 dos bandas se enfrentaron a tiros y los vecinos corrieron para refugiarse. Aunque Soledad estaba en su casa, un proyectil traspasó una pared y la hirió en un pie.

Ese incidente no lo olvidan en el barrio y según confió una vecina: “Esa vez se hizo justicia a lo Pinto Salinas porque el que la hirió era de la banda ‘Los Capriceros’ y sus mismos compinches lo mataron por meterse con la muchacha más querida del barrio”.

Tiro al Blanco. Ángel Ponce tiene 51 años de edad y recuerda que a los 11, su familia emigró de San José del Ávila a Pinto Salinas, porque la administración del entonces presidente de la República, Rafael Caldera, construía la avenida Boyacá o Cota Mil. 

El tío de Soledad recordó que antes de 1972 ese barrio se llamaba Párate Bueno, pero primero se le conoció como Tiro al Blanco, porque esta zona era un polígono para policías y militares. 

“Ahora sigue siendo lo mismo. Si caminas por el barrio te vas a dar cuenta de que en todas las casas hay huecos dejados por las balas que entran cada vez que se enfrentan delincuentes, policías y guardias nacionales”, acotó Ponce.

Esa guerra entre vecinos y la autoridad, según confiesan los dolientes de “la niña” ha hecho “que la policía arremeta contra el barrio cada vez que se le venga en gana”. 

El señor Ponce lamenta esta situación, porque recuerda que Pinto Salinas no era un barrio violento, sino de gente guapachosa, bebedora y tradicionalista.

Ponce confió que su padre es el saxofonista Aníbal Escobar, de Los Antaños del Estadium. Dijo que su familia lleva lo fiestero en la sangre, pero han tenido que bajarle el tono a la música porque los tiroteos entre bandas les ganaron espacio. 

A la calle Las Tres Marías, por ejemplo, se le conoce así porque ahí se hacía el velorio de la Cruz de Mayo y se le rezaba a la Virgen María hasta el día siguiente. 

“Eso se ha ido perdiendo; ahora hacen el homenaje a Santa Bárbara, pero dentro de sus casas. Todo queda entre familia y no se puede dejar entrar a nadie. Nos damos el feliz año y vamos a casa de otro familiar, porque aquí todos estamos ligados de alguna forma, pero nos recogemos enseguida”, acotó.

El tío de Soledad cree que es natural que Pinto Salinas esté viviendo su propio desorden, porque el barrio empezó como una invasión. 

Sin embargo, consideró que tampoco merecen ser acosados por nadie. “Aquí llegó gente de Barlovento, Oriente y Los Andes. Invadieron, porque eran terrenos buenos y la voz se corrió. Ahora hay de todo, la cosa no está nada fácil”, acotó.

La madre de Soledad, Mary Carmen Longa, en cambio, es poco lo que puede decir. Ella también creció con el mismo padecimiento de su hija porque cuando nació, hace 54 años, su mamá tuvo problemas de parto. Lo que más repite es justicia y según sus familiares nunca había llorado tanto como el día cuando enterró a su hija.

vescalona@cadena-capriles.com


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